Agricultura intensiva, Ingeniería hidraulica en La Mojana

11/10/2026

Artículo científico revisado por pares, acceso abierto.

Referencia: Vieri, Jasmine; Montejo Gaitán, Fernando; Carrero-Pazos, Miguel y Martinón-Torres, Marcos (11 de agosto de 2026). “Collective labour and sustainability of pre-Hispanic field systems in La Mojana”. Communications Sustainability, 1, artículo 124. DOI: 10.1038/s44458-026-00128-5. Artículo académico

Región y culturas: La Mojana, tierras bajas del Caribe colombiano; poblaciones prehispánicas activas aproximadamente desde los primeros siglos a.C. hasta el siglo XI d.C.

Aportación: analiza un sistema de canales y campos elevados que llegó a extenderse por unas 500.000 hectáreas. Mediante imágenes satelitales y cálculos volumétricos, los investigadores estudiaron detalladamente 500 hectáreas, identificando alrededor de 1.600 camellones y 63 plataformas residenciales.

Los cálculos indican que cada conjunto hidráulico pudo construirse en menos de dos meses mediante una fuerza de trabajo local. Esto cuestiona la idea de que unas infraestructuras tan extensas exigieran necesariamente un Estado centralizado o gobernantes capaces de imponer trabajos masivos.

El sistema regulaba el agua durante inundaciones y sequías, mejoraba los suelos agrícolas y posiblemente facilitaba la pesca. Su funcionamiento dependía de cooperación comunitaria y mantenimiento continuado. Explicación de la Universidad de Cambridge

Permite mostrar que la monumentalidad territorial también podía resultar de estructuras sociales cooperativas y relativamente horizontales, sin necesidad de un poder estatal centralizado.

Esta relacionado con:

  • Los campos elevados zenúes.
  • Los sistemas hidráulicos de los Llanos de Moxos.
  • Los camellones del entorno del Titicaca.
  • La transformación precolonial de los humedales amazónicos y caribeños.

Gestión hídrica prehispánica en La Mojana y su comparación con otros paisajes hidráulicos de América del Sur

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Resumen ejecutivo

La Mojana —en las tierras bajas del Caribe colombiano, dentro del sistema de humedales asociado a la depresión Momposina y a la confluencia de los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge— conserva uno de los paisajes de ingeniería hidráulica prehispánica más extensos conocidos en América. Las modificaciones artificiales compuestas por canales, camellones o caballones elevados, plataformas de habitación y probablemente reservorios se distribuyen, en su máxima extensión cartografiada regionalmente, por más de 500.000 hectáreas. Esa cifra, sin embargo, no representa un único sistema construido ni utilizado simultáneamente: las obras se acumularon, abandonaron, reconstruyeron y modificaron durante más de un milenio. citeturn18view3turn24view0

La característica esencial del sistema no fue eliminar la inundación, sino convertir una llanura de inundación extremadamente variable en un mosaico hidráulicamente manejable. Durante las crecientes, determinados canales distribuían o evacuaban el exceso de agua hacia zonas bajas y ciénagas, mientras los camellones mantenían superficies de cultivo por encima de la lámina de agua; redes más pequeñas reducían la velocidad del flujo y favorecían la sedimentación. Durante el estiaje, canales, depresiones y humedales conservaban humedad y agua y mantenían conectividad con cuerpos permanentes. La investigación más reciente añade que algunos de los corredores principales probablemente comunicaban áreas habitadas con cuerpos de agua permanentes y que ciertas estructuras pudieron actuar como depósitos para peces. citeturn15search1turn15search15turn18view3turn19view1

El sistema fue construido casi enteramente con el propio suelo aluvial y arcilloso extraído al excavar los canales y depositado lateralmente para formar los camellones. Perfiles arqueológicos excavados en 2024 permiten estimar en torno a 1,4 m la diferencia original entre la parte superior de un camellón y el fondo de su canal asociado, aunque esa cifra se utiliza como valor de modelización y no debe aplicarse mecánicamente a todos los campos de La Mojana. citeturn20view0turn20view3

Las reconstrucciones arqueológicas tradicionales relacionaron esta infraestructura con una gran «sociedad hidráulica zenú», suponiendo que su escala implicaba planificación centralizada y jerarquía política. La nueva investigación cuantitativa obliga a revisar esa inferencia. En un sector de unas 500 ha de San Marcos, Sucre, se han vectorizado 1.601 camellones y 63 plataformas elevadas. Un cálculo conservador estima alrededor de 1.600 habitantes y 800 trabajadores potenciales: esa fuerza laboral podría haber levantado todo el sistema estudiado en aproximadamente 0,7–1,5 meses, y una renovación total una vez por generación equivaldría a apenas unos días anuales de trabajo colectivo. Esto no demuestra ausencia de líderes ni de desigualdad; sí demuestra que la escala física por sí sola no requiere un Estado hidráulico coercitivo. citeturn19view0turn19view2turn19view3turn18view3

La comparación continental muestra una convergencia tecnológica notable. La Mojana, los Llanos de Moxos y los waru-waru del Titicaca resolvieron mediante movimiento de tierra y creación de microrelieve problemas diferentes pero relacionados: exceso estacional de agua, déficit hídrico posterior, baja aireación del suelo y necesidad de estabilizar la producción. En Titicaca se añadió un condicionante ausente en las tierras bajas tropicales: las heladas de un altiplano situado alrededor de 3.800 m, por lo que los canales llenos de agua también actuaban como amortiguadores térmicos. citeturn22view0turn24view3

Los Llanos de Moxos presentan la analogía hidrológica más cercana: allí la estación húmeda de cuatro a seis meses anega extensas sabanas y la estación seca produce escasez superficial de agua. Pero Moxos muestra una diversidad aún mayor de obras —campos elevados, canales, diques, terraplenes-caminos, embalsamientos y montículos habitacionales— y las investigaciones de Bermeo, San Borja, Exaltación y El Cerro muestran que distintas obras tuvieron funciones y cronologías distintas. En Bermeo, por ejemplo, los campos fueron utilizados de forma intermitente desde aproximadamente 570–770 d. C., aparentemente en respuesta a fases de inundaciones severas, lo que contradice la antigua idea de una agricultura intensiva uniforme y continua. citeturn22view0turn22view1turn23view1turn23view2

El Titicaca posee una trayectoria mucho más antigua. Erickson sitúa los primeros campos elevados asociados a Chiripa y Qaluyu hacia 1000–800 a. C., su expansión bajo Pukara entre aproximadamente 200 a. C. y 300 d. C. y nuevamente bajo Tiwanaku entre aproximadamente 600 y 1000 d. C.; la duración posterior sigue siendo discutida. Su estimación más amplia alcanza 122.000 ha, aunque otros inventarios han utilizado cifras cercanas a 82.000 ha, una diferencia que refleja criterios distintos de delimitación y cartografía. citeturn23view0turn23view5turn24view3

La comparación con las Guayanas y Urabá es especialmente importante porque demuestra que no toda modificación de humedal debe interpretarse automáticamente como intensificación agrícola. En las sabanas costeras de la Guayana Francesa existe evidencia arqueobotánica directa de maíz, mandioca y calabaza en campos elevados; además, hormigas, termitas, lombrices y vegetación continuaron concentrando suelo y nutrientes sobre los antiguos montículos siglos después de su abandono. En Urabá, en cambio, se han identificado más de 135.000 ha de campos elevados, pero la evidencia disponible no obliga a considerarlos exclusivamente agrícolas: la redistribución de agua y el mantenimiento de recursos de humedal, incluida la pesca, son hipótesis de creciente importancia. citeturn17search8turn16search1turn17search2

La conclusión comparativa más sólida es, por tanto, que estos paisajes no fueron simples «sistemas de riego». Fueron infraestructuras socioecológicas flexibles: manipularon cotas, flujos, humedad, sedimentos, nutrientes, accesibilidad y recursos acuáticos mediante unidades que podían construirse y mantenerse a distintas escalas sociales. Su resiliencia provenía menos del dominio absoluto del agua que de su capacidad de trabajar con la variabilidad hidrológica. citeturn18view3turn23view3turn24view3turn17search8

La Mojana como paisaje hidráulico

Conviene comenzar con una precisión terminológica. «La Mojana» y «los campos elevados zenúes» no son dos sistemas arqueológicos completamente independientes. La Mojana es el espacio geográfico e hidrológico; «sistema hidráulico zenú» es la denominación arqueológica e historiográfica aplicada a buena parte de las obras prehispánicas de canales y camellones de La Mojana, el Bajo San Jorge y la depresión Momposina. Por ello, en la comparación posterior se conservará una fila específica para el «modelo zenú clásico», pero debe entenderse como un subconjunto y una tradición interpretativa del fenómeno de La Mojana, no como una tecnología ajena a ella. La propia literatura reciente señala que estos campos son «a menudo denominados sistemas hidráulicos zenúes» por la atribución arqueológica de sus constructores. citeturn18view3turn24view0

Contexto hidrogeomorfológico. La Mojana forma parte de una llanura tropical de muy baja pendiente articulada por ríos, caños, paleocauces, ciénagas y zonas de inundación estacional y permanente. La lógica prehispánica consistió en incorporar esas diferencias de cota y permanencia del agua a la infraestructura, no en sustituirlas. De ahí la asociación espacial recurrente entre canales-camellones, cursos fluviales, cuerpos pantanosos y plataformas habitacionales. citeturn18view3turn19view0

Estructura básica. El elemento elemental es el par canal–camellón. Al excavar una depresión lineal se obtenía tierra para elevar la franja contigua. Por ello canal y superficie elevada no eran dos proyectos independientes: eran los dos resultados complementarios de una misma operación de movimiento de tierra. La modelización de Vieri y colaboradores supone precisamente esa simetría y trata el volumen de tierra excavado del canal como material empleado en el camellón. La sección de los camellones se aproxima mediante un perfil parabólico y las excavaciones recientes sugieren una diferencia original típica de aproximadamente 1,4 m entre cresta y fondo del canal. citeturn20view0turn20view3

El material principal era tierra local de la llanura, predominantemente arcillosa en las zonas estudiadas; no se trata de una hidráulica basada en muros de piedra, acueductos o grandes presas. Precisamente por el peso de esos suelos arcillosos, Vieri y colaboradores redujeron de manera conservadora la productividad laboral experimental observada por Erickson en Titicaca, de 5 a 2,5–5 m³ de tierra por persona y día. Los instrumentos concretos utilizados para excavar La Mojana siguen siendo arqueológicamente desconocidos. citeturn20view1turn20view2

Jerarquía funcional de canales. La reconstrucción clásica de Plazas, Falchetti y colaboradores diferencia obras relativamente largas, vinculadas a ríos y caños, y redes de canales cortos en las zonas de cultivo. Se describieron canales largos que podían alcanzar kilómetros y, en grandes áreas agrícolas, canales y camellones cortos de aproximadamente 30–70 m. Los canales menores distribuían la corriente, reducían su velocidad y favorecían la deposición de sedimentos que podían reintegrarse a las superficies elevadas. La literatura clásica identifica sectores agrícolas acondicionados de más de 2.000 ha. citeturn15search1turn15search15

La cartografía de alta resolución de 2026 confirma que existe una verdadera diversidad morfológica, y no simplemente un patrón repetido. El análisis de un área de San Marcos identificó cuatro agrupaciones. Los grupos 1 y 2 contienen estructuras largas, predominantemente orientadas noroeste-sureste; muchos de los elementos del grupo 1 conectan zonas habitadas con cuerpos de agua permanentes o antiguos. Los grupos 3 y 4 comprenden construcciones más cortas y parecen haber tenido una relación más directa con la maximización de superficie cultivable y la redistribución local del agua. citeturn19view0turn19view1

Esta distinción es crucial porque revela al menos dos escalas hidráulicas simultáneas: una escala intermedia que conectaba asentamiento, cauces y humedales y una escala doméstica o parcelaria de manejo fino de suelo y agua. Así, hablar de «el canal zenú» como si hubiera un único tipo funcional oculta una arquitectura modular mucho más compleja. citeturn19view0turn19view3

Funcionamiento en la estación húmeda. Cuando aumentaba el nivel de los ríos y caños, la red podía redistribuir parte del agua hacia espacios inundables, disminuir la energía de los flujos en los entramados menores y mantener las superficies de los camellones por encima de la lámina de inundación. La ventaja agrícola inmediata era reducir anegamiento radicular y mejorar aireación; la sedimentación en los canales producía además material susceptible de ser reincorporado a los campos. citeturn15search1turn18view3

Funcionamiento en la estación seca. El mismo paisaje de depresiones, canales, ciénagas y paleocauces permitía conservar humedad y conectividad con agua permanente. Los sistemas de campos elevados en humedales pueden almacenar volúmenes importantes durante los meses húmedos y liberarlos más lentamente posteriormente, pero para La Mojana debe hablarse de un mecanismo plausible y parcialmente inferido, no de un balance hidráulico arqueológicamente medido. La investigación de 2026 insiste en que todavía hacen falta simulaciones hidrológicas para comprobar con precisión la dirección y magnitud de los flujos inducidos por las distintas morfologías. citeturn18view3turn19view4

Esta cautela importa: las huellas físicas demuestran modificación deliberada del relieve; su relación espacial hace muy probable una función hidráulica; pero la arqueología aún no puede decir cuántos metros cúbicos circulaban por cada canal, cuál era su régimen exacto o cuántos campos se mantenían simultáneamente húmedos durante una sequía. citeturn19view4

Pesca y recursos acuáticos. El paisaje tampoco era exclusivamente agrícola. La investigación reciente interpreta algunos corredores como vías capaces de acercar peces desde ciénagas permanentes hacia plataformas habitacionales y ha identificado estructuras cuya forma sugiere reservorios para captura o mantenimiento de peces. La interpretación de esos reservorios sigue siendo hipotética y requiere comprobación de campo. citeturn18view3turn19view1

Escala arqueológica. A escala regional, las huellas de campos elevados superan las 500.000 ha; en cambio, el caso cuantificado de San Marcos comprende unas 500 ha, 1.601 camellones y 63 plataformas. La diferencia entre ambas cifras no es contradictoria: la primera expresa el palimpsesto acumulado de una tradición hidráulica de más de mil años, mientras la segunda representa una unidad analítica intensamente cartografiada. citeturn18view3turn19view0

Cronología. La síntesis actualmente más prudente sitúa el uso de sistemas de La Mojana desde los últimos siglos antes de nuestra era hasta los siglos X–XI d. C. La duración global supera, por tanto, un milenio, pero no implica continuidad uniforme en todos los sectores. En Caño Rabón se han detectado posibles episodios relativamente breves y reelaboraciones de canales y campos quizá relacionadas con cambios en las condiciones de inundación. La escasez de dataciones absolutas directamente asociadas a muchas obras sigue siendo uno de los problemas principales. citeturn18view3turn19view4

Entre los lugares y conjuntos arqueológicos relevantes se encuentran San Marcos, Caño Rabón, San Pedro y otros sectores del Bajo San Jorge. San Pedro ha sido objeto de análisis espacial específico por Rojas Mora y Montejo Gaitán; San Marcos proporciona actualmente la cartografía poligonal más detallada y Caño Rabón es importante para discutir remodelación y duración del uso. citeturn24view1turn19view0

La base empírica ha evolucionado considerablemente. Parsons y Bowen documentaron los campos del San Jorge mediante fotografía aérea en los años sesenta; Plazas, Falchetti y colaboradores desarrollaron excavaciones y la interpretación de la «sociedad hidráulica zenú»; desde 2010 el ICANH y la Universidad de Antioquia han integrado fotografía aérea, fuentes del siglo XVI, prospección y excavación, análisis espacial, arqueobotánica y zooarqueología. Más recientemente se han incorporado imágenes satelitales de alta resolución, modelos digitales de elevación LiDAR, vectorización y análisis de redes. citeturn18view3turn24view0

Organización social, ecología y producción

Durante décadas, la monumental extensión del sistema se utilizó para deducir una estructura política igualmente monumental. El argumento era intuitivo: si centenares de miles de hectáreas muestran canales geométricamente organizados, alguien debía haber dirigido una enorme fuerza de trabajo. La investigación reciente separa, correctamente, dos cuestiones que antes tendían a confundirse: cuánto trabajo era necesario y qué institución política lo organizó. citeturn18view3turn24view0

En el sector de San Marcos, la superficie conjunta de las 63 plataformas elevadas permitió obtener una estimación conservadora de unos 1.600 habitantes. Suponiendo que sólo la mitad participara en la construcción, la fuerza laboral habría sido de unos 800 individuos. El resultado es revelador: el mayor canal-camellón individual, con un volumen estimado de 1.951 m³, habría requerido entre 78 y 156 jornadas a una familia de cinco trabajando sola, pero menos de medio día a un grupo de 800 personas. Las 170 estructuras mayores del grupo 1 habrían podido construirse colectivamente en unas dos semanas. citeturn19view2

La totalidad de las obras del sector de 500 ha podría haberse construido con esos 800 trabajadores en aproximadamente 0,7–1,5 meses, es decir, en menos de la mitad de una estación seca de tres o cuatro meses. Si el conjunto se renovara completamente una vez cada 25 años, su coste medio equivaldría a sólo unos pocos días de trabajo comunitario por año. citeturn19view3

El resultado más interesante no es que «no hubiese jerarquía», algo que estos cálculos no permiten afirmar, sino que la organización pudo ser multiescalar. Los canales largos excedían claramente la capacidad de una unidad doméstica y exigían cooperación entre varias familias; numerosos camellones cortos podían construirse y renovarse a nivel familiar. De esta manera, una misma infraestructura podía combinar decisiones domésticas, cooperación vecinal y actuaciones comunitarias mayores sin necesidad de una administración central permanente. citeturn19view2turn19view3

El análisis de redes refuerza esta interpretación. Los valores más altos de centralidad aparecen próximos a algunas de las plataformas habitacionales mayores del suroeste del área estudiada. Los autores plantean que esos lugares pudieron funcionar como nodos sociales, económicos o rituales desde los cuales se articulaban distintas partes de la red. Es una hipótesis sugerente, pero todavía no una identificación arqueológica demostrada de «centros administrativos». citeturn19view1turn19view2

La conclusión social, por tanto, es doble. Por un lado, el sistema exige conocimiento hidráulico acumulado, reglas de acceso, coordinación temporal y cooperación para las estructuras mayores. Por otro, la aritmética laboral demuestra que no es necesario convertir automáticamente esa cooperación en prueba de un Estado coercitivo. La existencia de enterramientos ricos o diferencias de prestigio tampoco demuestra por sí misma que una élite dirigiese la hidráulica. citeturn18view3

Desde el punto de vista ecológico, el efecto fundamental fue la creación artificial de heterogeneidad topográfica. En una planicie donde diferencias de decímetros pueden decidir si una superficie permanece anegada, elevar suelo y excavar canales produce simultáneamente zonas más secas y zonas más húmedas. Ese contraste aumenta la gama de microhábitats disponibles para cultivos, peces y otras especies y permite explotar diferentes fases del ciclo hidrológico. citeturn18view3turn19view4

Los camellones mejoraban el drenaje y la aireación del suelo; los canales podían atrapar sedimentos y materia orgánica; el agua de inundación dejaba de ser exclusivamente una amenaza y se convertía en vector de fertilidad y conectividad. La combinación entre superficies elevadas y corredores acuáticos favorecía un sistema económico en el que agricultura y pesca podían complementarse. citeturn15search1turn18view3

Hay, sin embargo, una diferencia importante entre lo que sabemos sobre función hidráulica y lo que sabemos sobre cultivos concretos. La investigación de 2026 señala expresamente que el programa arqueobotánico y dietario del ICANH sigue trabajando en la identificación precisa de los cultígenos de la La Mojana prehispánica. Por tanto, no debe confundirse la propuesta contemporánea de cultivar maíz, yuca o ñame en campos recuperados con una demostración directa de que esas especies constituyeron en todas las épocas el paquete agrícola del sistema arqueológico. citeturn19view4

Esto contrasta, como veremos, con Moxos y las Guayanas, donde algunos sitios proporcionan evidencias arqueobotánicas más directas de maíz, batata, mandioca u otros cultivos. citeturn22view5turn17search8

Un dato contemporáneo ofrece un experimento útil, aunque no equivale a una analogía perfecta. Desde 2012 una iniciativa de APROPAPUR ha construido campos elevados estacionalmente en unas seis hectáreas con la participación de alrededor de 30 personas y beneficio directo para unas 80–100 personas de aproximadamente 30 familias. Según la evaluación citada por Vieri y colaboradores, esos campos proporcionan suelo utilizable durante las inundaciones y acceso a agua durante las sequías. citeturn18view3

El experimento demuestra que la lógica funcional general puede operar en el presente, pero no valida automáticamente todas las reconstrucciones arqueológicas del pasado. Las condiciones ambientales, cultivos, herramientas, mercado y propiedad de la tierra actuales son distintos. citeturn18view3turn19view4

Mapas y modelo de funcionamiento

La cartografía comparativa permite apreciar que «campo elevado» describe una solución tecnológica general —crear un gradiente artificial entre superficies altas y bajas—, pero no una forma geométrica universal. La Mojana presenta redes lineales integradas con cauces y plataformas; Moxos combina campos, terraplenes, canales y montículos; Titicaca muestra bloques de plataformas paralelas separadas por canales; la Guayana Francesa incluye montículos circulares, grandes campos y crestas elongadas cuya orientación cambia según la necesidad de drenar o retener agua. citeturn19view0turn22view0turn24view3turn17search8

En el mapa publicado por Erickson para los Llanos de Moxos se distinguen áreas de grandes campos elevados, asentamientos y las relaciones con los principales cursos fluviales de la llanura; en Titicaca, las fotografías aéreas muestran con claridad el patrón alternante de canales oscuros y plataformas elevadas. Esas diferencias visuales son importantes: tecnologías conceptualmente parecidas fueron adaptadas a topografías, climas y suelos muy diferentes. citeturn22view0turn13view2turn24view3turn13view0

El siguiente diagrama es una síntesis interpretativa, no el plano de un sitio arqueológico específico. Resume el circuito hidrológico inferido para La Mojana y las principales convergencias con los sistemas comparados. citeturn18view3turn19view0turn23view3turn24view3

flowchart TD
    R["Ríos y caños<br/>San Jorge-Cauca-Magdalena"] -->|"creciente estacional"| C["Canales principales"]
    C -->|"redistribución / alivio"| H["Ciénagas y zonas bajas"]
    C -->|"agua + sedimentos"| CM["Canales menores"]
    CM -->|"corriente más lenta<br/>y sedimentación"| CA["Camellones elevados"]
    CA -->|"suelo aireado sobre<br/>la cota de inundación"| AG["Agricultura"]
    H -->|"conectividad acuática"| P["Pesca y recursos de humedal"]
    H -->|"retención durante<br/>el estiaje"| C
    P -->|"corredores acuáticos"| HA["Plataformas habitacionales"]
    AG --> HA

    CO["Trabajo doméstico"] -->|"camellones menores"| CA
    CC["Trabajo cooperativo"] -->|"canales largos y mantenimiento"| C
    CC --> HA

    M["Llanos de Moxos"] -. "convergencia:<br/>drenaje + retención + microrelieve" .-> C
    T["Titicaca"] -. "convergencia:<br/>camas elevadas + canales" .-> CA
    T -. "función adicional:<br/>amortiguación de heladas" .-> AG
    G["Guayanas / Amazonia costera"] -. "convergencia:<br/>campos elevados en sabana inundable" .-> CA
    U["Urabá / Caribe"] -. "convergencia:<br/>redistribución del agua del humedal" .-> H

La Mojana puede describirse, por tanto, como un sistema de regulación distribuida, no como una presa. Su capacidad emergía de miles de pequeñas diferencias de cota, conexiones y obstáculos que cambiaban velocidades, rutas y tiempos de permanencia del agua. Esa lectura encaja mejor con la evidencia arqueológica que imaginar una única obra capaz de «controlar» hidráulicamente toda la llanura. citeturn18view3turn19view0turn19view4

Comparación sistemática

Dimensión La Mojana Campos elevados zenúes del Bajo San Jorge Llanos de Moxos, Bolivia Titicaca: waru-waru / suka kollus Humedales amazónicos y caribeños
Relación con La Mojana Paisaje regional que engloba múltiples redes de canales, camellones, plataformas y humedales. No es un sistema externo: es el núcleo arqueológico e historiográfico de muchas obras de La Mojana/Bajo San Jorge. citeturn18view3turn24view0 Tradición independiente de tierras bajas amazónicas bolivianas. Tradición altiplánica peruano-boliviana, ecológicamente muy distinta. Categoría heterogénea; aquí se toman especialmente Guayanas y Urabá como comparadores. citeturn17search8turn16search1
Objetivo hidráulico dominante Redistribuir exceso de agua; mantener superficies emergidas; amortiguar inundación y sequía; conectar asentamientos con humedales. citeturn18view3turn19view4 Desviar/distribuir crecidas, disminuir velocidad, sedimentar material y habilitar tierra de cultivo. citeturn15search1turn15search15 Drenaje de sabanas anegadas, almacenamiento o prolongación de humedad en algunos lugares; transporte y comunicación mediante canales/calzadas. citeturn22view0turn22view1turn23view3 Drenaje y regulación de humedad, más protección frente a heladas mediante canales con agua. citeturn24view3 Guayanas: drenar o retener según microtopografía; Urabá: manejo del agua de humedal, quizá no exclusivamente agrícola. citeturn17search8turn16search1
Diseño físico Redes de camellones y canales de diferentes longitudes; plataformas habitacionales; posibles reservorios; conexión con cauces y ciénagas. citeturn19view0turn19view1 En el modelo clásico, canales largos conectados con cursos fluviales y redes cortas de 30–70 m en campos agrícolas. citeturn15search1turn15search15 Campos elevados de formas variadas + canales, diques, calzadas, embalsamientos y plataformas/montículos. citeturn22view0turn22view1 Plataformas elevadas paralelas separadas por canales; otros componentes del paisaje incluyen terrazas y jardines hundidos. citeturn24view3 Guayana: montículos redondos hasta ~5 m de diámetro y crestas de 1–4 m de ancho, usualmente 20–30 m de longitud y en casos hasta 140 m; orientación adaptada al drenaje. citeturn17search8
Materiales Tierra aluvial local, predominantemente arcillosa; sedimentos excavados del canal forman el camellón. citeturn20view1turn20view3 Tierra y sedimentos aluviales; mantenimiento mediante movimiento recurrente de sedimento. citeturn15search1 Suelos locales de sabana y material extraído de canales; gran variación edáfica regional. citeturn23view2turn23view3 Suelo del altiplano excavado de los canales y acumulado en plataformas; canales con agua y materia orgánica. citeturn24view3 Tierra local de sabanas costeras y humedales; en Guayana la actividad posterior de termitas, hormigas y lombrices modificó y estabilizó los antiguos campos. citeturn17search8
Escala territorial Más de 500.000 ha de vestigios regionales acumulados; caso San Marcos: ~500 ha. citeturn18view3turn19view0 Estimaciones históricas para el San Jorge llegan a cientos de miles de ha; sectores de cultivo clásico superaban 2.000 ha. citeturn15search1turn23view0 Al menos ~57.500 ha de campos elevados identificados en estimaciones modernas; la llanura inundable de Mojos en conjunto es muchísimo mayor. citeturn23view0turn22view0 Erickson estima unas 122.000 ha; otros inventarios han citado ~82.000 ha. citeturn23view0turn23view5 Urabá supera 135.000 ha; las obras de las Guayanas se extienden a lo largo de centenares de kilómetros de sabana costera. citeturn16search1turn17search8
Gestión social / organizativa Modelo multiescalar plausible: familia para obras pequeñas, grupos de hogares y comunidad para grandes canales. No se requiere control estatal para explicar el volumen de obra. citeturn19view2turn19view3 La interpretación clásica enfatizaba la «sociedad hidráulica» y coordinación central; estudios recientes cuestionan deducir centralización únicamente de la escala. citeturn24view0turn18view3 Muy variable según región y época; las diferencias funcionales y cronológicas hacen inadecuado postular una autoridad única para todo Moxos. citeturn23view1turn23view2turn24view1 Debate explícito entre modelos bottom-up de comunidades campesinas y modelos que vinculan ciertas expansiones con Tiwanaku y entidades políticas regionales. citeturn21search2turn21search6 Guayanas sugieren gestión agrícola organizada localmente; la ecología posterior participó en la conservación de las estructuras. La organización de Urabá sigue poco definida. citeturn17search8turn16search1
Evidencia arqueológica Fotografía aérea, excavación, cerámica, plataformas, perfiles, LiDAR/DEM, imágenes satelitales, análisis espacial y de redes, restos botánicos y faunísticos en investigación. citeturn18view3turn19view0 Fotografías aéreas de Parsons y Bowen; excavaciones y cartografía de Plazas/Falchetti; estudios espaciales posteriores de Rojas Mora y Montejo. citeturn24view0turn24view1 Topografía, excavación, radiocarbono, OSL, suelos, geoquímica, fitolitos, polen, carbón y fotografía aérea. citeturn22view1turn22view5turn23view1 Fotografía aérea, excavaciones de canales/campos, AMS, radiocarbono, termoluminiscencia, experimentación arqueológica y agronómica. citeturn23view6turn24view3 Guayana: arqueología, arqueobotánica, paleoecología, suelos, ecología y fotografía aérea; Urabá: geomorfología, paleoecología e investigación de humedales. citeturn17search8turn17search2
Cronología Últimos siglos a. C. hasta siglos X–XI d. C.; múltiples fases, no uso simultáneo. citeturn18view3 Aproximadamente dos milenios de desarrollo en el modelo clásico, con variación interna y remodelaciones. citeturn24view0 Muy heterogénea: El Cerro muestra transformación desde al menos ca. 310 d. C.; Bermeo desde 570–770 d. C.; San Borja presenta ~100–200 años de uso a comienzos del segundo milenio. citeturn22view5turn23view1turn23view2 Primeros campos hacia 1000–800 a. C.; expansión Pukara y Tiwanaku; abandono final discutido entre ca. 1000 y 1450–1530 d. C. citeturn23view5turn23view7 Guayanas: principalmente Holoceno tardío/primeros dos milenios d. C.; Urabá se ha relacionado especialmente con transformaciones hacia el primer milenio tardío d. C. citeturn17search8turn17search2
Cultivos asociados La identificación precisa del repertorio prehispánico sigue en investigación; no debe inferirse directamente de los cultivos modernos. citeturn19view4 Tradicionalmente interpretados como campos agrícolas, pero la atribución de cultivos concretos depende de contexto y cronología. citeturn24view0 Maíz documentado en El Cerro; batata y explotación de frutos de Inga entre ca. 1300–1450, con batata registrada incluso posteriormente. citeturn22view5 Experimentación y arqueología se centran especialmente en tubérculos como la patata; agricultura altiplánica diversificada. citeturn24view3 Guayanas: maíz, mandioca y calabaza con evidencia microbotánica; en Urabá la función agrícola exclusiva está menos segura. citeturn17search8turn16search1
Resiliencia climática Alta capacidad teórica para amortiguar alternancia inundación–sequía mediante microtopografía y redistribución hídrica; función exacta de cada canal requiere modelización. citeturn19view4 Adaptación especializada a inundaciones periódicas y sedimentación fluvial. citeturn15search1 Elevada flexibilidad: en algunos lugares drenaje frente a inundación; en otros prolongación de humedad durante sequía; abandono y reconstrucción episódicos. citeturn23view1turn23view3 Combina drenaje, reserva de humedad y amortiguación térmica ante heladas; vulnerabilidad frente a sequías prolongadas es objeto de debate. citeturn24view3 Guayanas: campos adaptados tanto a anegamiento como a desecación; procesos ecológicos posteriores aumentaron persistencia estructural. Urabá muestra una estrategia potencial de mantenimiento de humedales durante periodos secos. citeturn17search8turn17search2

Convergencias, diferencias y trayectorias históricas

Llanos de Moxos: la analogía tropical más cercana. El parecido ecológico con La Mojana es considerable. Los Llanos de Moxos constituyen una inmensa sabana de inundación amazónica donde, durante una estación húmeda de cuatro a seis meses, extensas superficies quedan cubiertas por desde centímetros hasta metros de agua; durante la estación seca, muchas zonas pierden el agua superficial. Las poblaciones prehispánicas modificaron ese régimen mediante campos elevados, canales, diques, embalsamientos, grandes calzadas elevadas y montículos habitacionales. citeturn22view0

En ambos paisajes aparece, por tanto, una misma idea tecnológica: no hacer desaparecer el humedal, sino reorganizar espacialmente su agua. En lugar de una superficie uniforme que pasa de saturada a seca, las obras crean simultáneamente plataformas drenadas y depresiones capaces de contener o transmitir agua. citeturn18view3turn22view0

Pero Moxos es un poderoso recordatorio contra la generalización. El estudio de Bermeo, cerca de San Ignacio de Moxos, combinó susceptibilidad magnética, geoquímica, radiocarbono y luminiscencia estimulada ópticamente. Sus campos estuvieron en uso intermitente desde al menos aproximadamente 570–770 d. C.; se identificaron episodios separados de construcción y los investigadores relacionan esas fases con inundaciones más frecuentes o severas. Allí la función primordial parece haber sido mejorar el drenaje, no mantener una agricultura continua mediante transferencia anual de sedimentos fértiles desde el canal. citeturn23view1

En San Borja, los campos de tamaños distintos se adaptaban a variaciones de suelo a escalas de decenas o centenares de metros. Las dataciones apuntan a un episodio relativamente breve, de alrededor de 100–200 años al comienzo del segundo milenio d. C.; no a un sistema que funcionara sin interrupción durante siglos y siglos. citeturn23view2

En Exaltación, tres tipos de campos elevados coexistían en un mismo paisaje. Su forma, altura y disposición parecen estar determinadas principalmente por la edafología local. Algunos drenaban terrenos húmedos, mientras otros prolongaban la presencia del agua y podían ampliar el periodo de cultivo durante la estación seca o una sequía. Los suelos intensamente meteorizados sugieren además que el sistema necesitaba barbechos prolongados y no necesariamente sostuvo densidades demográficas enormes. citeturn23view3

El caso de El Cerro añade evidencia arqueobotánica excepcional: la galería forestal ya había sido aclarada hacia 310 d. C.; los suelos de campos elevados permitieron cultivar maíz; el fuego se utilizó sistemáticamente hasta alrededor de 1300; entre 1300 y 1450 aparecen batata y recursos de Inga dentro de una estrategia diversificada; y la disminución de la agricultura fue gradual, no un abandono instantáneo. citeturn22view5

Estas secuencias son comparativamente importantes para La Mojana porque hacen plausible una trayectoria episódica y modular: construcción ante determinadas condiciones, utilización durante generaciones, abandono parcial, desplazamiento y reconstrucción cuando cambian cursos fluviales o frecuencias de inundación. Precisamente la investigación de 2026 plantea esa posibilidad para La Mojana y señala que hacen falta más dataciones absolutas para comprobarla. citeturn18view3turn19view4

Titicaca: una solución semejante bajo presiones climáticas distintas. A 3.800 m de altitud, el problema no era únicamente la inundación. Los agricultores debían afrontar suelos saturados en ciertos momentos, déficit hídrico en otros y, sobre todo, temperaturas nocturnas capaces de producir heladas destructivas. Los waru-waru o suka kollus elevaron las superficies cultivadas mientras los canales vecinos almacenaban agua, humedad y materia orgánica y contribuían a moderar el microclima alrededor de las plantas. citeturn24view3turn21search3

La semejanza formal con La Mojana —tierra extraída de una depresión y colocada sobre una superficie elevada— es notable, pero la función térmica marca una diferencia fundamental. En La Mojana la amenaza dominante es la oscilación entre exceso y déficit de agua en un clima tropical; en Titicaca el agua del canal es además parte de una estrategia frente al frío altiplánico. citeturn18view3turn24view3

También difieren las trayectorias históricas. La cronología propuesta por Erickson sitúa algunos de los primeros campos hacia 1000–800 a. C., asociados a Chiripa y Qaluyu, varios siglos antes del horizonte inicial generalmente propuesto para los sistemas de La Mojana. Pukara amplió estas obras aproximadamente entre 200 a. C. y 300 d. C., y Tiwanaku entre 600 y 1000 d. C. citeturn23view5turn23view6

El final es objeto de una polémica clásica. Kolata y colaboradores vincularon una gran contracción después de aproximadamente 1000 d. C. con una sequía que habría hecho inviable parte del sistema, mientras Erickson y otros investigadores consideran que hay evidencias de continuidad de campos hasta tiempos incaicos e incluso el inicio de la dominación española. Por eso no es metodológicamente seguro utilizar una única fecha de «abandono del waru-waru». citeturn23view7turn21search2

El debate social también resulta instructivo. Erickson utilizó experimentos de reconstrucción para demostrar que pequeños grupos campesinos podían mover cantidades significativas de suelo sin burocracia estatal. Esa experiencia es precisamente la referencia utilizada por el trabajo de La Mojana para calcular costes laborales. Por otra parte, la concentración y expansión de campos durante Tiwanaku ha alimentado modelos en los que las comunidades locales interactuaban con una entidad política regional mucho más compleja. La alternativa correcta no parece ser «Estado o campesinos», sino investigar qué tareas fueron domésticas, cuáles comunales y cuáles pudieron articularse con instituciones supralocales en cada periodo. citeturn20view1turn21search2turn24view0

Guayanas: ingeniería humana seguida de ingeniería ecológica. Los campos elevados de la costa de las Guayanas representan una de las comparaciones más enriquecedoras. En la Guayana Francesa existen grandes complejos en sabanas estacionalmente inundadas sometidas a una lluvia anual muy elevada. Las formas varían desde pequeños montículos circulares de aproximadamente 1–1,5 m hasta elevaciones de varios metros de diámetro y crestas elongadas de 1–4 m de anchura y normalmente 20–30 m de longitud, aunque algunas alcanzan unos 140 m. citeturn17search8

La geometría responde al agua. En sectores sometidos a inundación prolongada aparecen campos elevados mayores; ciertas crestas siguen la pendiente y favorecen el drenaje; en terrenos mejor drenados, otras se sitúan paralelas a las curvas de nivel y favorecen retención. Es una demostración especialmente clara de que la forma del campo no es un marcador cultural aislado: puede ser una respuesta directa al gradiente hidrológico local. citeturn17search8

Aquí la evidencia arqueobotánica es más segura que en La Mojana: se documentaron maíz, mandioca y calabaza. La cronología se relaciona con ocupaciones arauquinoides del Holoceno tardío; en Sable Blanc, por ejemplo, la ocupación asociada se sitúa en torno a 708–938 años calibrados BP, aproximadamente entre los siglos XI y XIII de nuestra era al expresarlo en calendario común. citeturn17search8

Pero el hallazgo más relevante es posterior al abandono humano. Hormigas, termitas y lombrices se concentran preferentemente en los antiguos campos porque son las únicas superficies que permanecen elevadas en época húmeda. Esos organismos trasladan suelo y materia orgánica, mientras la vegetación arraiga sobre los montículos; los campos presentan mayor materia orgánica y disponibilidad de varios nutrientes que la matriz adyacente y tasas de infiltración notablemente superiores. En otras palabras, la intervención humana creó una heterogeneidad inicial que puso en marcha retroalimentaciones ecológicas capaces de conservar durante siglos la huella arqueológica. citeturn17search8

Esa «coconstrucción» entre humanos y organismos ecosistémicos ofrece una analogía conceptual muy importante para La Mojana: la persistencia actual de un camellón no debe interpretarse simplemente como su forma original congelada en el tiempo. Erosión, sedimentación, vegetación, bioturbación y cambios fluviales modifican continuamente esas huellas. citeturn17search8turn20view0

Urabá: el problema de llamar «agrícola» a toda elevación artificial. En las llanuras de inundación de los ríos León y otros cursos del golfo de Urabá se ha estimado una superficie de más de 135.000 ha con vestigios de campos elevados. La investigación paleoecológica reciente relaciona estas obras con cambios en los humedales durante el Holoceno tardío. citeturn16search1turn17search2

Sin embargo, Urabá cuestiona el supuesto de que una morfología semejante signifique automáticamente «campo agrícola intensivo». La diferenciación estratigráfica entre crestas y canales es menos inequívoca en algunos sectores y la evidencia directa de cultivo es limitada; se ha propuesto que algunas obras pudieron redistribuir agua superficial y subterránea y sostener la productividad general del humedal —incluidos pesca y otros recursos— durante condiciones relativamente secas. citeturn9view0turn16search1

La implicación para La Mojana es metodológica: camellón ≠ cultivo, canal ≠ riego, monumentalidad ≠ Estado. Cada una de esas equivalencias fue útil como primera hipótesis, pero ninguna puede aceptarse sin evidencia contextual. citeturn18view3turn23view1turn16search1

A escala continental emergen cuatro grandes convergencias.

La primera es la ingeniería por microtopografía. En vez de depender principalmente de estructuras rígidas que bloqueen grandes masas de agua, las sociedades transformaron el terreno mediante millones de metros cúbicos de tierra distribuidos en pequeñas elevaciones, canales y depresiones. Esto aparece, con formas diferentes, en La Mojana, Moxos, Titicaca y las Guayanas. citeturn20view3turn22view0turn24view3turn17search8

La segunda es la bidireccionalidad hidráulica. Los mismos sistemas que eliminaban exceso de agua podían conservarla. En Titicaca los canales aportaban humedad en periodos secos; en Exaltación algunos campos fueron construidos para prolongar la disponibilidad de agua; en La Mojana la red conectaba campos, asentamientos, ciénagas y cuerpos permanentes. Estos paisajes no pueden clasificarse simplemente como «drenaje» o «riego»: su ventaja era precisamente alternar ambas funciones según estación y microposición. citeturn24view3turn23view3turn19view0

La tercera es la modularidad social. Una obra pequeña podía ser doméstica; muchas pequeñas obras interconectadas producían una infraestructura territorial de enorme extensión. El sistema final podía parecer centralmente planificado aunque hubiese crecido durante generaciones mediante decisiones distribuidas. La cuantificación de La Mojana proporciona actualmente una demostración particularmente fuerte de este principio. citeturn19view2turn19view3

La cuarta es la multifuncionalidad productiva. Los campos podían servir para cultivos, pero los canales podían aportar agua, sedimentos, materia orgánica, peces y transporte; los terraplenes podían funcionar como caminos; las plataformas elevadas servían para vivir; los humedales transformados seguían siendo espacios de pesca y recolección. La separación moderna entre «infraestructura agrícola», «infraestructura de transporte» e «infraestructura ecológica» describe mal estos paisajes. citeturn18view3turn22view1turn17search8

La gran diferencia histórica está en cuándo, durante cuánto tiempo y bajo qué organizaciones se utilizaron. Titicaca muestra una historia de campos elevados que puede remontarse al primer milenio a. C.; La Mojana tiene su desarrollo principal entre los últimos siglos a. C. y el primer milenio d. C.; Moxos ofrece cronologías locales muy divergentes, desde transformaciones documentadas en los primeros siglos d. C. hasta sistemas del segundo milenio; Guayanas y Urabá muestran otras trayectorias tardías. No existe, por tanto, evidencia de una única tradición tecnológica difundida de un centro sudamericano a todos los demás. La explicación más parsimoniosa es una combinación de convergencia tecnológica, transmisión regional de conocimientos en algunos casos y múltiples trayectorias locales de experimentación con humedales. citeturn23view5turn18view3turn23view1turn22view5turn17search8

Esta última afirmación debe formularse como inferencia comparativa: las similitudes funcionales son muy claras, pero las grandes diferencias cronológicas, ambientales y morfológicas impiden demostrar a partir de ellas una filiación tecnológica directa entre Zenú, Moxos y Titicaca. citeturn18view3turn22view0turn24view3

Incertidumbres, debates y referencias clave

El primer debate afecta a la propia cronología de La Mojana. Sabemos que la tradición regional abarca más de mil años, pero la mayoría de los canales no posee una fecha independiente. Un paisaje actual puede superponer obras de diferentes siglos. La cifra de 500.000 ha, por consiguiente, expresa la extensión acumulada de vestigios, no 500.000 ha cultivadas simultáneamente. Vieri y colaboradores consideran esta cuestión una de las principales limitaciones de las estimaciones regionales. citeturn18view3turn19view4

El segundo debate es hidráulico. La orientación y ubicación de los grandes canales hacen muy plausible su participación en la redistribución de agua y sedimentos, pero aún no se dispone de modelos hidrodinámicos arqueológicamente calibrados que reproduzcan el comportamiento del sistema bajo diferentes niveles de los ríos. La frase «controlaban las inundaciones» debe entenderse como modulaban y redistribuían la inundación, no como que podían impedir cualquier creciente extrema. citeturn19view0turn19view4

El tercer debate es social. El nuevo estudio refuta la necesidad lógica de una burocracia hidráulica central: una población local podía construir físicamente las obras. Pero «era posible hacerlo comunitariamente» no significa «sabemos que nunca existieron jefaturas, líderes o desigualdades». La distinción entre posibilidad técnica y reconstrucción política debe mantenerse. citeturn18view3turn19view3

El cuarto problema son los supuestos de los cálculos laborales. La cifra de 1.600 habitantes depende de interpretar las plataformas como espacios habitacionales y de estimar viviendas y personas por superficie; algunas plataformas pudieron ser ceremoniales, de almacenamiento o de uso colectivo. La estimación de volumen adopta una altura estándar de 1,4 m a partir de un número limitado de perfiles y la productividad diaria se extrapola de experimentos realizados en Titicaca, aunque corregida a la baja por la mayor pesadez de los suelos arcillosos caribeños. Los propios autores señalan todas estas limitaciones. citeturn19view4turn20view0turn20view1

El quinto debate afecta a la productividad agrícola. La existencia de campos elevados no demuestra automáticamente agricultura permanente de alto rendimiento. Bermeo en Moxos ofrece un caso particularmente claro: los episodios de construcción parecen responder a pulsos de inundación y su función principal habría sido el drenaje; Exaltación muestra necesidad de barbechos prolongados; Urabá quizá combinó manejo hídrico con aprovechamiento de recursos de humedal sin que la agricultura intensiva explique todas las estructuras. citeturn23view1turn23view3turn16search1

El sexto debate es tafónomico: ¿cuánto se parece el campo que vemos hoy al que construyó el agricultor? El trabajo en Guayana Francesa demuestra que organismos del suelo y vegetación pueden conservar, engrosar o incluso fusionar estructuras abandonadas. En La Mojana, a la inversa, más de un milenio de erosión y sedimentación probablemente ha disminuido la altura observable de numerosos camellones. Por eso las dimensiones actuales no pueden tomarse sin corrección como dimensiones originales. citeturn17search8turn20view0

El séptimo debate se refiere a la palabra «zenú». Es perfectamente válida como denominación histórica y arqueológica regional, y la bibliografía colombiana la utiliza desde hace décadas; pero convertir cientos de miles de hectáreas y más de mil años de obras en el producto sincrónico de una única entidad política homogénea corre el riesgo de borrar variabilidad temporal y social. La literatura reciente prefiere evaluar asentamientos, redes y fases concretas antes de inferir una estructura política única para todo el paisaje. citeturn18view3turn24view0turn24view1

La Mojana y el Bajo San Jorge. Las referencias indispensables son Plazas, C., Falchetti, A. M., Sáenz-Samper, J. y Archila, J., La sociedad hidráulica zenú. Estudio arqueológico de 2000 años de historia en las llanuras del Caribe colombiano (Banco de la República, 1993); Plazas de Nieto et al., «Cambios ambientales y desarrollo cultural en el bajo río San Jorge», Boletín del Museo del Oro 20, 55–88 (1988); Parsons, J. J. y Bowen, W. A., «Ancient Ridged Fields of the San Jorge River Floodplain, Colombia», Geographical Review 56, 317–343 (1966); Rojas Mora, S., Patrones de asentamiento y organización política en el Bajo Río San Jorge (UNAM, 2010); y Rojas Mora y Montejo Gaitán, «The pre-Hispanic Raised Fields System of the Mompós Depression in the Colombian Caribbean Region» (2021). citeturn24view0turn24view1

A ellos debe añadirse el trabajo que modifica de manera más sustancial el debate actual: Vieri, J., Montejo Gaitán, F., Carrero-Pazos, M. y Martinón-Torres, M., «Collective labour and sustainability of pre-Hispanic field systems in La Mojana», Communications Sustainability 1, 124 (publicado el 11 de agosto de 2026), que aporta la cartografía de 1.601 camellones, estimaciones explícitas de volumen y trabajo y el análisis de redes. citeturn18view3

También son fundamentales Rojas Mora y Montejo Gaitán, «Análisis espacial del sitio arqueológico San Pedro, ubicado en el bajo río San Jorge, Caribe colombiano», Revista Colombiana de Antropología 51, 339–363 (2015); Montejo, Estudio de la modificación antrópica prehispánica en humedales (2013); Berrío et al., «Multi-disciplinary evidence of the Holocene history of a cultivated floodplain area in the wetlands of northern Colombia», Vegetation History and Archaeobotany 10, 161–174 (2001); y Olmos Severiche et al., «Los canales Zenúes en Colombia», Intropica 17, 132–145 (2022). citeturn24view0turn24view1

Llanos de Moxos. La obra comparativa básica incluye a Clark L. Erickson y sus estudios arqueológicos del paisaje de Mojos; Walker, Agricultural Change in the Bolivian Amazon (2004) e Island, River, and Field: Landscape Archaeology in the Llanos de Mojos (2018); Lombardo, Canal-Beeby, Fehr y Veit, «Raised fields in the Bolivian Amazonia: a prehistoric green revolution or a flood risk mitigation strategy?», Journal of Archaeological Science 38, 502–512 (2011); Rodrigues et al., «An insight into pre-Columbian raised fields: the case of San Borja, Bolivian lowlands», SOIL 2, 367–389 (2016); y Whitney et al., «Pre-Columbian raised-field agriculture and land use in the Bolivian Amazon», The Holocene 24, 231–241 (2014). citeturn24view1turn22view5

La importancia de esa bibliografía radica precisamente en que reemplaza una imagen unitaria de «Moxos hidráulico» por un mosaico de sistemas adaptados a suelos, frecuencias de inundación y trayectorias históricas locales. citeturn23view1turn23view2turn23view3

Titicaca. Las referencias centrales son Erickson, An Archaeological Investigation of Raised Field Agriculture in the Lake Titicaca Basin of Peru (1988), «The Social Organization of Prehispanic Raised Field Agriculture in the Lake Titicaca Basin» (1993) y «Raised Fields as Monumental Farmed Landscapes, Lake Titicaca, South America» (2013); Sánchez de Lozada, Baveye y Riha, «Heat and moisture dynamics in raised field systems of the Lake Titicaca region», Agricultural and Forest Meteorology (1998); y Janusek y Kolata, «Top-down or bottom-up: rural settlement and raised field agriculture in the Lake Titicaca Basin, Bolivia», Journal of Anthropological Archaeology 23, 404–430 (2004). citeturn24view0turn21search3turn21search6

Amazonia y humedales costeros. Para entender que estos sistemas transformaban ecosistemas y no sólo parcelas agrícolas son especialmente importantes McKey et al., «Pre-Columbian agricultural landscapes, ecosystem engineers, and self-organized patchiness in Amazonia», Proceedings of the National Academy of Sciences 107, 7823–7828 (2010); Rostain, «Pre-Columbian Earthworks in Coastal Amazonia», Diversity 2, 331–352 (2010); Renard et al., «Ecological engineers ahead of their time», Ecological Engineering 45, 30–44 (2012); y el estudio de Posada-Restrepo y colaboradores sobre gestión antigua del agua y evolución de los humedales de Urabá publicado en 2023. citeturn17search8turn17search0turn24view0turn16search1

En conjunto, estas investigaciones cambian significativamente la imagen de las tierras bajas sudamericanas precoloniales. No muestran sociedades que «vencieron» a los humedales convirtiéndolos en tierra seca, sino poblaciones que aprendieron a hacer productiva la oscilación entre agua y tierra. La Mojana constituye uno de los ejemplos más claros: una infraestructura formada principalmente por tierra, conocimiento acumulado y cooperación que funcionaba precisamente porque mantenía múltiples vías de circulación, almacenamiento, drenaje y acceso al agua. Moxos demuestra que ese principio podía adoptar formas extraordinariamente diversas; Titicaca muestra que la misma lógica de microrelieve podía responder simultáneamente a humedad y heladas; Guayana evidencia que una intervención hidráulico-agrícola podía seguir reorganizando la ecología siglos después de su abandono; y Urabá recuerda que la productividad de un humedal no debe medirse únicamente en cosechas. citeturn18view3turn23view3turn24view3turn17search8turn16search1

La convergencia más profunda entre todos estos casos no es, en consecuencia, la forma concreta del camellón, sino una filosofía técnica del paisaje: elevar unas superficies para bajar otras; ralentizar el agua en ciertos lugares y conducirla en otros; almacenar durante el exceso para atravesar el déficit; usar la inundación como fuente de sedimentos, nutrientes y recursos acuáticos; y repartir las tareas de construcción y mantenimiento entre unidades sociales capaces de actuar de manera modular. La evidencia disponible hasta septiembre de 2026 hace de esa combinación —más que de la noción clásica de «control hidráulico»— la explicación comparativa más sólida de la gestión prehispánica de los grandes humedales sudamericanos. citeturn19view3turn23view1turn23view3turn17search8