Cultura Aguada- El Alto-Ancasti

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Cultura Aguada, arte rupestre y territorialidad agraria en El Alto‑Ancasti

1. Planteamiento general

La sierra de El Alto‑Ancasti, en el sector oriental de la provincia argentina de Catamarca, permite estudiar conjuntamente tres dimensiones que durante mucho tiempo fueron analizadas por separado:

  • El arte rupestre asociado tradicionalmente con la cultura Aguada.
  • Los asentamientos domésticos y las comunidades campesinas.
  • La construcción de terrazas, parcelas, canales y otras infraestructuras agrarias.

Las investigaciones recientes cuestionan la imagen de El Alto‑Ancasti como una zona marginal utilizada únicamente para ceremonias. Durante el primer milenio d.C. fue un territorio habitado, cultivado y transformado de forma permanente. Las cuevas pintadas, las viviendas y las áreas agrícolas formaban partes relacionadas de un mismo paisaje social.

La conclusión central es que las pinturas no deben entenderse solamente como expresiones religiosas aisladas. También participaron en la construcción de lugares, itinerarios, memorias y derechos sobre un territorio agrícola.


2. El Alto‑Ancasti: un espacio de transición ecológica

La sierra se levanta entre los valles interiores de Catamarca y las tierras bajas orientales vinculadas con las llanuras chaqueñas. Su vertiente oriental presenta una vegetación más húmeda y boscosa que los valles occidentales.

Esta posición permitió acceder a ambientes y recursos diferentes:

  • Tierras cultivables.
  • Bosques de algarrobo y otras especies alimenticias.
  • Pastos para camélidos.
  • Agua de vertientes y cursos estacionales.
  • Minerales y materias primas líticas.
  • Plantas procedentes de ambientes orientales.
  • Vías de comunicación entre los valles andinos y las tierras bajas.

El relieve está formado por lomadas, quebradas, pequeñas cuencas y afloramientos graníticos. Muchos de estos grandes bloques contienen cavidades naturales que fueron utilizadas como abrigos y soportes pictóricos.

El medio no fue simplemente el escenario donde vivían las comunidades. Fue modificado mediante muros de contención, terrazas, despedrados, canales y viviendas. De este modo se creó un paisaje cultural resultado de generaciones de trabajo.


3. ¿Qué entendemos por cultura Aguada?

La cultura Aguada se desarrolló aproximadamente entre los siglos VI y X d.C. en diferentes regiones del Noroeste Argentino. Tradicionalmente se identificó por una iconografía característica presente en cerámica, objetos metálicos y arte rupestre:

  • Felinos, especialmente jaguares.
  • Serpientes y seres serpentiformes.
  • Figuras humanas con armas, tocados o atributos especiales.
  • Personajes híbridos con rasgos humanos y animales.
  • Cabezas aisladas o figuras interpretadas como sacrificadores.
  • Composiciones de apariencia ritual.

En la actualidad se evita considerar Aguada como un Estado centralizado o una cultura completamente uniforme. Resulta más prudente hablar de distintas comunidades regionales que compartieron repertorios visuales, prácticas ceremoniales y redes de intercambio, pero mantuvieron organizaciones sociales y trayectorias propias.

El llamado «estilo Aguada» no demuestra necesariamente que todos los lugares donde aparece estuvieran gobernados por una misma autoridad. La iconografía pudo circular entre comunidades mediante intercambios, viajes, alianzas, celebraciones y transmisión de conocimientos rituales.

En El Alto‑Ancasti, las imágenes Aguada se integraron en paisajes que ya tenían una historia anterior. Algunas cuevas fueron pintadas y repintadas durante largos periodos, incluso antes y después del momento clásico de Aguada.


4. Los principales paisajes rupestres

En las laderas de El Alto‑Ancasti se han registrado más de un centenar de cuevas y aleros con pinturas o grabados prehispánicos. Entre los conjuntos más importantes se encuentran La Tunita, Oyola, La Candelaria, Los Algarrobales, Campo de las Piedras e Inasillo.

La Tunita

La Tunita, situada en el sector meridional de la sierra, contiene algunas de las representaciones más conocidas y elaboradas del repertorio Aguada.

Entre sus imágenes aparecen:

  • Felinos de gran tamaño.
  • Personajes antropomorfos complejos.
  • Figuras con armas, máscaras o tocados.
  • Seres que combinan rasgos humanos, felínicos y serpentinos.
  • Escenas con fuerte contenido ritual.

Algunas cavidades presentan condiciones particulares de acceso, visibilidad e iluminación. Muchas pinturas solamente pueden contemplarse penetrando en el interior del abrigo. Esto sugiere experiencias visuales controladas: no todas las representaciones estuvieron destinadas a una observación pública o cotidiana.

El desplazamiento desde el exterior luminoso hacia espacios oscuros, estrechos o parcialmente ocultos debió formar parte de la experiencia. El fuego, el humo y la iluminación móvil de antorchas podían hacer aparecer y desaparecer las figuras sobre superficies irregulares.

Oyola

Oyola constituye un caso fundamental porque contiene al menos 38 abrigos con pinturas y grabados distribuidos dentro de un afloramiento granítico de unos 2,5 kilómetros de diámetro.

Las investigaciones de Lucas Gheco y otros especialistas demostraron que sus paneles no fueron realizados en un único episodio. El análisis de superposiciones, pigmentos y microestratigrafía permitió identificar:

  • Figuras pintadas en momentos diferentes.
  • Motivos ocultos bajo otras pinturas.
  • Capas de origen natural entre distintos episodios pictóricos.
  • Reformulación o repintado de imágenes anteriores.
  • Diferentes recetas para producir colores aparentemente semejantes.

Por tanto, una pared pintada debe estudiarse como una secuencia histórica, no como una composición sincrónica. Algunas imágenes quedaron cubiertas por depósitos minerales o por pinturas posteriores. Esto demuestra que las cuevas fueron visitadas, recordadas y transformadas por distintas generaciones.

Los análisis microestratigráficos de más de un centenar de muestras han identificado pinturas subyacentes anteriores a algunos motivos considerados típicamente Aguada. También existen episodios posteriores. La historia rupestre de Oyola, por consiguiente, excede los límites cronológicos de una sola cultura. Heritage Science

La Candelaria

El abrigo de La Candelaria contiene figuras complejas, entre ellas una conocida representación serpentiforme. Los estudios arqueométricos recientes indican que algunas imágenes aparentemente unitarias son el resultado de varios actos de pintura, retoque y transformación.

Esto vuelve a cuestionar la idea del arte rupestre como una obra terminada de una vez. Una figura podía mantenerse activa mediante sucesivas intervenciones. Repintarla significaba renovar su presencia, actualizar su significado o establecer una relación con quienes la habían producido anteriormente.

Los Algarrobales

Los Algarrobales se encuentra en el sector septentrional de la sierra. Allí se combinaron estudios de los motivos, los soportes rocosos y la distribución espacial de cuevas, morteros, recintos de piedra y materiales superficiales.

Su importancia reside en mostrar que el arte rupestre no estaba separado de otras actividades. Las pinturas se encontraban dentro de paisajes en los que también se procesaban alimentos, se circulaba, se cultivaba y se habitaba.


5. La materialidad del arte rupestre

El estudio actual no se limita a reconocer figuras y compararlas con la cerámica Aguada. También investiga cómo fueron fabricadas.

Las pinturas implicaban:

  1. Seleccionar una cueva y una superficie concreta.
  2. Obtener minerales colorantes.
  3. Triturar y preparar los pigmentos.
  4. Mezclarlos con cargas y posibles aglutinantes.
  5. Transportar iluminación y combustible.
  6. Pintar, retocar o cubrir imágenes anteriores.
  7. Mantener una relación posterior con el abrigo.

Los análisis mediante microscopía electrónica, espectroscopia infrarroja, difracción de rayos X y otras técnicas han identificado distintas mezclas pigmentarias. La variabilidad muestra que no existió una única «receta Aguada». Incluso pigmentos del mismo color podían haber sido elaborados de maneras distintas.

Las secuencias de superposición permiten reconstruir decisiones sociales. Cubrir una imagen, rodearla con otras figuras o volver a pintarla podía expresar continuidad, transformación, apropiación o confrontación con una memoria anterior.

Por ello, las cuevas fueron lugares acumulativos: cada intervención dialogaba con las anteriores.


6. El paisaje agrario

Las prospecciones en El Alto‑Ancasti han identificado extensos conjuntos de estructuras agrícolas:

  • Terrazas de cultivo.
  • Muros transversales en las pendientes.
  • Estructuras para retener sedimentos y humedad.
  • Canales y sistemas de conducción del agua.
  • Parcelas delimitadas.
  • Despedrados y acumulaciones de piedras.
  • Viviendas próximas a las áreas productivas.

Estas construcciones permitían reducir la erosión, controlar la escorrentía y crear suelos cultivables en pendientes que de otro modo habrían sido inestables.

Los estudios geoarqueológicos indican que algunas infraestructuras agrarias fueron utilizadas durante el primer milenio d.C. En ciertos sectores, los sistemas de cultivo se desarrollaron especialmente entre aproximadamente 600 y 1000 d.C., coincidiendo parcialmente con el periodo Aguada. Wiley – estudio sobre control de la erosión

La agricultura pudo incluir maíz, calabazas, legumbres y otros cultivos adaptados a diferentes pisos ecológicos. El aprovechamiento del algarrobo y de otros recursos silvestres completaría la alimentación. La presencia de camélidos indica, además, actividades de pastoreo, transporte e intercambio. Los análisis arqueozoológicos muestran una gestión compleja de estos animales en la región. Springer – gestión de camélidos


7. Territorialidad agraria: más que explotar la tierra

La territorialidad no equivale únicamente a ocupar un espacio. Comprende las prácticas mediante las cuales una comunidad reconoce, transforma, delimita y transmite un territorio.

En El Alto‑Ancasti, esa territorialidad se construyó por medio de:

  • Trabajo acumulado en terrazas y canales.
  • Proximidad entre viviendas y parcelas.
  • Caminos y recorridos habituales.
  • Lugares de procesamiento de alimentos.
  • Cementerios y memoria de los antepasados.
  • Cuevas pintadas y espacios ceremoniales.
  • Conocimientos sobre suelos, agua, estaciones y vegetación.

Una terraza no era solo una tecnología agrícola. Materializaba el trabajo de varias generaciones y vinculaba a una familia o comunidad con una porción concreta del paisaje. Su mantenimiento renovaba ese vínculo.

Los muros, parcelas y canales podían funcionar como límites prácticos, pero también como huellas visibles de pertenencia. Los derechos sobre la tierra probablemente dependieron menos de fronteras geométricas que de relaciones sociales, trabajo compartido, memoria y uso continuado.

La investigación de Gastaldi, Zuccarelli y Quesada interpreta estos restos como expresión de territorialidades agrarias formadas durante el primer milenio d.C. El paisaje aldeano no habría estado compuesto por un gran centro que controlaba asentamientos subordinados, sino por unidades domésticas relativamente dispersas, articuladas mediante cooperación, circulación y lugares de reunión. Frontiers


8. Relación entre pinturas y territorio agrícola

No puede afirmarse que cada abrigo rupestre marcara la propiedad de una parcela concreta. La evidencia disponible no permite establecer una correspondencia tan directa. Sin embargo, existen varias formas plausibles y arqueológicamente fundamentadas de relación.

Lugares de memoria

Las pinturas fijaban narraciones, seres y acontecimientos en puntos específicos del paisaje. Las cuevas podían conservar la memoria colectiva y legitimar la permanencia de una comunidad en el territorio.

Nodos de circulación

Los abrigos se integraban en recorridos entre viviendas, áreas agrícolas, fuentes de agua y pasos serranos. Algunos estaban ocultos; otros destacaban en el paisaje. Esta diversidad sugiere funciones diferentes.

Espacios de agregación

Las comunidades domésticas dispersas necesitaban lugares donde reunirse periódicamente. Determinadas cuevas pudieron acoger ceremonias, alianzas, intercambios y transmisión de conocimientos.

Mediación con seres no humanos

En las ontologías andinas y amazónicas, montañas, cuevas, animales, agua y rocas no son necesariamente elementos inertes. Las figuras felínicas, serpentinas e híbridas pudieron participar en relaciones con fuerzas asociadas a la fertilidad, la lluvia, la renovación y la protección del territorio.

Reproducción social

Los rituales no estaban separados de la economía. Asegurar cosechas, coordinar trabajos colectivos, compartir alimentos o renovar alianzas eran simultáneamente actos productivos, sociales y ceremoniales.


9. ¿Dominio político o comunidades campesinas?

Las primeras interpretaciones de Aguada subrayaban la presencia de guerreros, sacrificadores y felinos para proponer sociedades jerarquizadas, dirigidas por élites religiosas o guerreras.

El arte de La Tunita, por su complejidad, podría reflejar especialistas rituales y formas de autoridad. Sin embargo, la arqueología de los asentamientos de El Alto‑Ancasti no muestra claramente una organización estatal ni una marcada concentración monumental.

La evidencia apunta más bien hacia:

  • Comunidades domésticas dispersas.
  • Construcción gradual del paisaje agrario.
  • Cooperación para mantener infraestructuras.
  • Lugares ceremoniales con diferente grado de acceso.
  • Autoridades posiblemente temporales, rituales o negociadas.
  • Redes regionales sin necesidad de un poder político centralizado.

Esto no significa que fuera una sociedad completamente igualitaria. Las diferencias de conocimiento, prestigio, ascendencia o capacidad de convocatoria pudieron ser importantes. Pero no deben deducirse automáticamente estructuras estatales a partir de imágenes de personajes poderosos.


10. Una interpretación integrada

El arte rupestre y la agricultura representaban dos maneras complementarias de inscribir relaciones sociales en el paisaje:

Infraestructura agrariaArte rupestre
Modificaba suelo, agua y pendientesTransformaba cuevas y superficies rocosas
Acumulaba trabajo colectivoAcumulaba imágenes, retoques y memorias
Garantizaba la reproducción materialParticipaba en la reproducción simbólica y social
Organizaba parcelas y espacios de trabajoOrganizaba lugares de reunión y experiencias rituales
Expresaba ocupación continuadaVinculaba comunidades, antepasados y seres no humanos

No sería adecuado imaginar primero un territorio económico y después una capa religiosa añadida. Ambos aspectos se produjeron conjuntamente. Cultivar, construir terrazas, desplazarse, pintar y realizar ceremonias eran prácticas mediante las cuales las comunidades hacían suyo el espacio.


11. Conclusiones

La investigación actual permite proponer cinco conclusiones principales:

  1. El Alto‑Ancasti no fue una periferia vacía. Fue un paisaje densamente conocido, habitado y transformado por comunidades campesinas.
  2. El arte rupestre no pertenece a un único momento. Las cuevas contienen secuencias de pintura, superposición, ocultamiento y reutilización que pueden extenderse más allá del periodo Aguada.
  3. Aguada fue una red cultural heterogénea. La iconografía compartida no implica necesariamente un Estado ni una identidad política uniforme.
  4. La territorialidad se construyó mediante el trabajo y la memoria. Terrazas, canales, viviendas, caminos y cuevas pintadas materializaron vínculos duraderos con el territorio.
  5. Arte y agricultura formaban parte de un mismo mundo social. Las imágenes podían intervenir en la legitimación de lugares, la transmisión de conocimientos, la agregación comunitaria y las relaciones con fuerzas vinculadas al agua, los animales y la fertilidad.

En consecuencia, el paisaje de El Alto‑Ancasti debe comprenderse como una construcción histórica en la que producción agrícola, vida doméstica, movilidad, ritualidad y memoria estuvieron profundamente entrelazadas.

Bibliografía esencial consultada

  • Gheco, Lucas et al. «A micro-stratigraphic physicochemical approach to the rock art from the archaeological site of Oyola». Heritage Science, 2020.
  • Gheco, Lucas. «Una aproximación histórica al arte rupestre prehispánico de la Sierra de El Alto‑Ancasti». Estudios Atacameños, 2020.
  • Quesada, Marcos y colaboradores. «Los paisajes rupestres de El Alto‑Ancasti». Comechingonia, 2011.
  • Gastaldi, Marcos R.; Zuccarelli Freire, Verónica N.; Quesada, Marcos N. «Reconstructing pre-Columbian agrarian territorialities in the El Alto-Ancasti mountain range». Frontiers, 2025.
  • Zuccarelli Freire, Verónica. «Erosion control in Prehispanic agrarian landscapes from the El Alto‑Ancasti Highlands». Geoarchaeology, 2022.
  • Gheco y colaboradores. «Mezclas pigmentarias, recetas pictóricas e historias… en el cerro de Oyola». Latin American Antiquity, 2023.