1. Una nueva interpretación del llamado “colapso maya”
Una investigación publicada en septiembre de 2026 ha reconstruido el abandono de 294 asentamientos mayas de Belice entre aproximadamente 700 y 1600 d. C. Su principal conclusión cuestiona una explicación demasiado simple: la sequía no produjo una respuesta uniforme ni provocó simultáneamente el abandono de todas las ciudades.
Algunas regiones quedaron despobladas durante los siglos VIII y IX, mientras que otras mantuvieron comunidades mayas durante varios siglos más. Paradójicamente, los asentamientos situados en las zonas que actualmente reciben más lluvia fueron, en ciertos casos, los primeros en desaparecer. En cambio, comunidades del norte y nordeste de Belice —comparativamente más secas— sobrevivieron hasta el Posclásico e incluso hasta la conquista española.
La diferencia fundamental no fue únicamente cuánta lluvia recibía cada territorio, sino:
- la presencia de lagunas, ríos y humedales permanentes;
- la geología y capacidad del suelo para retener agua;
- las infraestructuras hidráulicas disponibles;
- la diversidad de recursos alimenticios;
- la antigüedad y experiencia acumulada de cada comunidad;
- la posibilidad de migrar o reorganizar el asentamiento;
- las condiciones políticas y comerciales regionales.
El estudio, elaborado por Alec McLellan, Sarah Metcalfe y otros investigadores, apareció en el Journal of Archaeological Science con el título “Ancient Maya settlement abandonment and climate instability in Belize (700–1600 CE): A spatial analysis of adaptive resilience”.
2. ¿De dónde proceden los 294 asentamientos?
Los investigadores revisaron publicaciones, informes de excavación y registros correspondientes a 532 yacimientos arqueológicos de Belice.
De ellos:
- 304 proporcionaban alguna fecha sobre la terminación de su ocupación;
- se excluyeron los abandonados antes del periodo estudiado;
- también se retiraron algunos con ocupaciones coloniales inglesas mal diferenciadas;
- finalmente quedaron 294 yacimientos utilizables.
Por tanto, los 294 sitios no representan todos los asentamientos mayas que existieron en Belice. Son aquellos para los que se pudo establecer una fecha aproximada de abandono comprendida entre 700 y 1600 d. C.
Además, la muestra combina lugares muy diferentes:
- grandes centros políticos;
- asentamientos secundarios;
- aldeas rurales;
- grupos residenciales;
- enclaves costeros;
- instalaciones productivas o especializadas.
El estudio define abandono como la finalización de una ocupación humana sostenida. No significa necesariamente que nadie volviera jamás. Algunos lugares pudieron recibir visitas rituales, ocupaciones breves o reutilizaciones posteriores.
3. El periodo estudiado
La investigación abarca tres grandes etapas históricas:
| Periodo | Cronología aproximada | Procesos principales |
|---|---|---|
| Clásico Tardío | 600–800 d. C. | Expansión demográfica, ciudades, agricultura intensiva |
| Clásico Terminal | 800–1000 d. C. | Sequías, conflictos, fragmentación política y migraciones |
| Posclásico | 1000–1500/1600 d. C. | Reorganización en comunidades menores, costas, lagunas y ríos |
El denominado “colapso maya” se concentró especialmente entre los siglos VIII y X, pero no supuso la desaparición del pueblo maya. Se desintegraron muchos sistemas dinásticos y se abandonaron numerosas ciudades monumentales, mientras otras comunidades sobrevivieron, se trasladaron o adoptaron formas diferentes de organización.
4. La geografía desigual de Belice
Belice presenta una notable diversidad ambiental. La precipitación anual varía aproximadamente desde:
- unos 1.400 milímetros en el norte;
- hasta más de 3.000–3.600 milímetros en el sur.
Sin embargo, más lluvia no equivale necesariamente a mayor disponibilidad de agua durante una sequía.
En los paisajes kársticos, el agua puede infiltrarse rápidamente en la roca caliza. Los arroyos estacionales desaparecen y el suelo pierde humedad aunque la precipitación anual media sea elevada. Por el contrario, algunas zonas septentrionales con menos lluvia poseen lagunas, pantanos y cursos de agua permanentes que almacenan recursos durante la estación seca.
Los investigadores dividieron Belice en nueve grandes zonas ambientales o “zonas adaptativas”:
- valle del río Belice;
- márgenes costeros orientales;
- región del río Hondo;
- región de Three Rivers;
- meseta de Vaca;
- montañas Mayas;
- piedemonte kárstico;
- meseta kárstica de Petén;
- Dolors.
Esta clasificación permite estudiar no solo el clima, sino la relación entre agua, relieve, suelos, agricultura y tecnología.
5. Cronología general del abandono
La distribución temporal de los 294 sitios fue la siguiente:
| Final de la ocupación sostenida | Número de sitios | Porcentaje aproximado |
|---|---|---|
| Antes de 800 d. C. | 23 | 7,8 % |
| Entre 800 y 900 d. C. | 155 | 52,7 % |
| Entre 900 y 1100 d. C. | 51 | 17,3 % |
| Después de 1100 d. C. | 65 | 22,1 % |
| Total | 294 | 100 % |
El dato más significativo es que 155 asentamientos —algo más de la mitad de la muestra— dejaron de tener una ocupación sostenida durante el siglo IX.
Sin embargo, al terminar el año 900 todavía permanecían ocupados 116 yacimientos, aproximadamente el 39–41 % de la muestra, dependiendo del grado de precisión con que se agrupen las fechas.
Esto demuestra que el proceso no fue simultáneo. El abandono se desarrolló durante siglos y siguió una trayectoria espacial reconocible.
6. Las sequías de los siglos IX y X
Los investigadores compararon las fechas arqueológicas con registros paleoclimáticos obtenidos de:
- estalagmitas de cuevas;
- sedimentos de lagos;
- depósitos de pantanos;
- variaciones isotópicas del oxígeno y el carbono;
- datos regionales de anillos de árboles;
- reconstrucciones de tormentas y huracanes.
Los registros no coinciden exactamente, pero indican varios periodos críticos. Uno de los principales episodios secos se desarrolló aproximadamente entre 810 y 860 d. C. Otro periodo especialmente severo se produjo entre 897 y 922 d. C.
Los datos dendroclimáticos señalan que el episodio de 897–922 pudo ser una de las peores sequías mesoamericanas de los últimos 1.200 años.
También parece haberse reducido la frecuencia de tormentas tropicales y huracanes entre 800 y 1000. Estas tormentas eran destructivas, pero aportaban una parte importante del agua necesaria para:
- rellenar depósitos;
- recuperar humedales;
- aumentar el caudal de los ríos;
- mantener los cultivos de estación seca.
Una reducción moderada de la precipitación total podía tener efectos importantes si las lluvias llegaban fuera del ciclo agrícola o faltaban precisamente durante la germinación y crecimiento del maíz.
7. El abandono comenzó en el oeste y el sur
Los primeros focos importantes de abandono aparecieron aproximadamente entre 750 y 810 d. C. en:
- el valle del río Belice;
- la región de Three Rivers;
- la meseta de Vaca;
- las montañas Mayas;
- sectores próximos a la frontera occidental.
Durante el siglo IX, el despoblamiento se extendió desde las tierras elevadas occidentales y meridionales hacia el este y nordeste.
Montañas Mayas
Los 20 asentamientos estudiados en esta zona habían sido abandonados hacia el año 900.
Meseta de Vaca
De sus 36 sitios:
- 1 terminó antes de 800;
- 32 durante el siglo IX;
- 3 entre 900 y 1100.
Esto significa que 33 de los 36 asentamientos —aproximadamente el 92 %— habían sido abandonados hacia el 900.
Región de Three Rivers
De 44 yacimientos, 33 habían terminado su ocupación sostenida hacia 900, aproximadamente el 75 %.
Valle del río Belice
De 72 sitios, 49 habían sido abandonados hacia 900, alrededor del 68 %. El proceso fue más prolongado y parece haberse desplazado desde los cursos superiores de los ríos Macal y Mopán hacia el nordeste, siguiendo el río Belice.
8. ¿Por qué las regiones más lluviosas fueron tan vulnerables?
Las montañas Mayas y la meseta de Vaca reciben mucha más lluvia que el norte de Belice. Pero presentan varios problemas:
- relieve abrupto;
- roca caliza muy permeable;
- rápida infiltración;
- suelos erosionables;
- escasez de grandes masas de agua superficial permanente;
- dependencia de lluvias estacionales;
- dificultad para ampliar infraestructuras hidráulicas.
La aparente abundancia de lluvia pudo reducir la necesidad inicial de construir grandes sistemas de almacenamiento. Cuando comenzaron las sequías prolongadas, estas comunidades disponían de menos alternativas.
Algunos asentamientos del sur también tenían una historia relativamente corta. Uxbenká y otros centros se consolidaron más tarde que las antiguas comunidades del norte. Tuvieron menos generaciones para:
- acumular conocimientos ambientales;
- excavar depósitos;
- ampliar terrazas;
- modificar humedales;
- establecer redes alternativas de abastecimiento.
Esta conclusión resulta especialmente relevante: la vulnerabilidad no depende solo de las condiciones ambientales, sino del tiempo y del trabajo acumulados para adaptarse a ellas.
9. Terrazas y reservorios: adaptación de las tierras elevadas
En las regiones kársticas y montañosas, los mayas construyeron:
- terrazas agrícolas;
- muros para frenar la erosión;
- depósitos de agua;
- canales de captación;
- superficies impermeabilizadas;
- aguadas y pequeñas represas.
Caracol constituye uno de los ejemplos más importantes de agricultura aterrazada. Las terrazas retenían suelo y humedad, reducían la escorrentía y permitían cultivar las laderas.
La Milpa, situada en una región sin ríos permanentes sobre las elevaciones, poseía grandes depósitos en el centro urbano y pequeñas zonas de captación distribuidas por la periferia.
Estas obras permitieron sostener poblaciones numerosas, pero requerían:
- mantenimiento colectivo;
- autoridad política;
- mano de obra;
- limpieza periódica;
- lluvias suficientes para rellenarlas.
Una sequía prolongada no solo reducía el agua disponible. También podía debilitar la organización necesaria para conservar las infraestructuras. Cuando descendía la población, mantener terrazas y depósitos resultaba cada vez más difícil, generando un ciclo de deterioro.
10. El problema de los grandes ríos
Podría pensarse que vivir junto a los ríos Macal, Mopán o Belice garantizaba el abastecimiento. Sin embargo, algunos de los abandonos más tempranos ocurrieron precisamente en sus cabeceras y cursos superiores.
Durante sequías de varias décadas:
- disminuía el caudal;
- los tramos poco profundos podían reducirse hasta aproximadamente un metro;
- algunos afluentes se volvían estacionales;
- aumentaba la concentración de sedimentos;
- en los cursos bajos podía penetrar agua salobre;
- se dificultaba el transporte fluvial.
Los modelos espaciales muestran un abandono progresivo desde el oeste hacia el nordeste siguiendo el sistema fluvial.
Esto indica que la proximidad a un río no era suficiente. Era decisivo que la fuente mantuviera agua durante todo el año y conservara un caudal adecuado durante sequías repetidas.
11. El nordeste: la gran zona de resiliencia
La región del río Hondo y los márgenes costeros orientales presentan un comportamiento diferente.
Región del río Hondo
De sus 41 asentamientos:
- solo 12 habían sido abandonados hacia 900;
- otros 12 terminaron entre 900 y 1100;
- 17 continuaron después de 1100.
Por tanto, alrededor del 71 % seguía ocupado al terminar el siglo IX.
Márgenes costeros orientales
De 73 lugares estudiados, 41 permanecieron ocupados después de 1100. Esta zona concentra una de las mayores continuidades del país.
La resiliencia se relaciona con:
- lagunas permanentes;
- humedales;
- pantanos estacionales;
- acceso a ríos de curso bajo;
- recursos pesqueros;
- moluscos y fauna acuática;
- tierras aluviales;
- transporte costero y fluvial;
- agricultura en ambientes húmedos.
El norte era más seco en términos de precipitación anual, pero disponía de agua almacenada de manera natural en el paisaje.
12. La laguna del New River
El caso más claro es la New River Lagoon, la mayor masa de agua interior de Belice. En sus alrededores permanecieron asentamientos como:
- Lamanai;
- Ka’kabish;
- Coco Chan;
- otras comunidades menores.
Lamanai presenta una historia de ocupación excepcionalmente larga: sobrevivió a la desintegración de numerosas ciudades del Clásico y continuó siendo un centro importante durante el Posclásico y la época de contacto español.
La laguna ofrecía:
- agua permanente;
- pesca;
- fauna acuática;
- suelos húmedos;
- rutas de comunicación;
- acceso al New River;
- conexión con la costa caribeña;
- posibilidades de intercambio a larga distancia.
Esta diversidad reducía la dependencia exclusiva del maíz de secano. Cuando fallaban las lluvias, la población podía recurrir a recursos acuáticos, agricultura de humedal y redes comerciales.
13. Agricultura de humedal
En las tierras bajas del norte y este, los mayas construyeron obras diferentes de las terrazas montañosas:
- canales;
- zanjas;
- diques;
- campos elevados;
- depósitos;
- sistemas de control de inundaciones;
- vías acuáticas de transporte.
Se han documentado paisajes agrícolas de humedal en:
- Pulltrouser Swamp;
- Cobweb Swamp;
- Albion Island;
- Birds of Paradise;
- Chau Hiix.
Los canales podían evacuar el exceso de agua durante la estación húmeda y conservar humedad en los periodos secos. Los campos elevados mantenían los cultivos por encima de las superficies inundadas y aprovechaban sedimentos fértiles extraídos de las zanjas.
En Chau Hiix, los sistemas de canales y presas sirvieron tanto para la agricultura como para la circulación.
Paradójicamente, una reducción moderada de las precipitaciones podía beneficiar temporalmente a los terrenos habitualmente inundados. Zonas que durante años húmedos permanecían anegadas podían volverse cultivables durante fases secas.
14. El caso de Akab Muclil
Akab Muclil fue uno de los pocos asentamientos de la región de Three Rivers que sobrevivió hasta aproximadamente el siglo XIII.
Su persistencia se relaciona con el complejo húmedo de Birds of Paradise, un pantano permanente o semipermanente utilizado para la agricultura. Mientras otros centros dependían de depósitos que debían llenarse con las lluvias, Akab Muclil disponía de un paisaje capaz de conservar agua y humedad.
El asentamiento demuestra que la resiliencia podía producir excepciones dentro de regiones ampliamente despobladas. No existió un destino uniforme ni siquiera entre comunidades relativamente próximas.
15. La migración como forma de resiliencia
El abandono arqueológico no equivale necesariamente a muerte o desaparición. Las poblaciones pudieron trasladarse hacia lugares con mejores recursos.
Los patrones espaciales sugieren movimientos desde:
- las tierras elevadas hacia los valles;
- los cursos superiores hacia las lagunas;
- el oeste hacia el nordeste;
- el interior hacia la costa;
- grandes ciudades hacia comunidades menores.
En torno a Lamanai se observa un incremento de población durante los siglos X y XI. Algunos cambios en la producción cerámica parecen reflejar técnicas introducidas por grupos llegados desde otras regiones.
Por ello, la migración debe entenderse como una estrategia adaptativa. Abandonar una ciudad podía constituir una respuesta racional frente a:
- falta de agua;
- conflictos políticos;
- pérdida de tierras productivas;
- ruptura de redes comerciales;
- incapacidad de las élites para mantener infraestructuras;
- aparición de mejores oportunidades junto a lagunas o costas.
La continuidad de la cultura maya no dependió de conservar cada ciudad, sino de trasladar personas, conocimientos, semillas, prácticas agrícolas y tradiciones rituales.
16. Transformación de los asentamientos
Durante el Posclásico, el poblamiento se volvió generalmente:
- menos concentrado;
- menos monumental;
- más próximo a fuentes permanentes;
- más conectado con ambientes costeros;
- más dependiente de recursos acuáticos;
- políticamente menos centralizado.
La reducción de monumentos o inscripciones no significa ausencia de población. Las comunidades más pequeñas dejan una huella arqueológica menos visible que las grandes capitales del Clásico.
Esta circunstancia contribuyó a la antigua imagen de una civilización que “desapareció”. En realidad, una parte de la población abandonó las instituciones dinásticas y los centros monumentales, pero continuó viviendo en otras zonas de Belice.
17. Clima y desintegración política
La sequía coincidió con otros procesos:
- guerras entre ciudades;
- rivalidad dinástica;
- pérdida de autoridad de los gobernantes;
- interrupción de rutas comerciales;
- desigualdad en el acceso al agua;
- crecimiento demográfico previo;
- agotamiento de algunos suelos;
- deforestación;
- incapacidad para mantener obras públicas.
En el sur de Belice existen indicios de que la fragmentación política comenzó antes de la fase más intensa de sequía, aproximadamente hacia 810. Después de 835, la falta de agua habría impedido una recuperación duradera.
Esta secuencia es importante. La sequía no tuvo que iniciar el conflicto para hacerlo más grave. Una región políticamente fragmentada disponía de menos capacidad para:
- coordinar trabajos hidráulicos;
- distribuir reservas;
- organizar migraciones;
- reparar terrazas;
- negociar el acceso a tierras;
- asistir a las comunidades perjudicadas.
El clima actuó como multiplicador de problemas sociales existentes.
18. Abandono por regiones
| Zona adaptativa | Sitios | Abandonados hacia 900 | Persistencia principal |
|---|---|---|---|
| Valle del río Belice | 72 | 49 | Algunos hasta los siglos XI–XIII |
| Márgenes costeros orientales | 73 | 25 | 41 después de 1100 |
| Dolors | 1 | 1 | Sin continuidad |
| Piedemonte kárstico | 5 | 4 | Uno entre 900–1100 |
| Montañas Mayas | 20 | 20 | Abandono completo hacia 900 |
| Meseta kárstica de Petén | 2 | 1 | Uno entre 900–1100 |
| Región del río Hondo | 41 | 12 | 17 después de 1100 |
| Three Rivers | 44 | 33 | Persistencia muy limitada |
| Meseta de Vaca | 36 | 33 | Abandono casi completo |
| Total | 294 | 178 | 116 ocupados después de 900 |
La comparación revela que el eje principal de continuidad se encontraba en el norte y nordeste, especialmente junto a lagunas, humedales y cursos permanentes.
19. Qué significa “resiliencia” en este estudio
La resiliencia no implica que la vida permaneciera sin cambios. Una comunidad resiliente podía:
- reducir su tamaño;
- trasladarse;
- modificar sus cultivos;
- intensificar la pesca;
- excavar canales;
- abandonar monumentos;
- reorganizar la autoridad;
- integrarse con grupos inmigrantes;
- cambiar sus redes comerciales.
Tampoco significa que las tecnologías hidráulicas garantizaran la supervivencia indefinida. Las infraestructuras funcionaban dentro de límites ambientales y políticos. Un reservorio no servía si no llovía lo suficiente para llenarlo; una terraza podía degradarse si faltaba población para repararla.
La resiliencia debe entenderse como la capacidad de adaptarse y reorganizarse, no necesariamente como la conservación intacta del sistema anterior.
20. Limitaciones de la investigación
El estudio constituye una síntesis muy amplia, pero presenta algunas limitaciones:
Precisión cronológica desigual
Las fechas de abandono proceden de distintos métodos:
- radiocarbono;
- secuencias cerámicas;
- últimas fases arquitectónicas;
- objetos diagnósticos;
- estratigrafía.
Un sitio clasificado como abandonado en el siglo IX pudo haber terminado su ocupación en cualquier momento dentro de varias décadas.
Intensidad desigual de las excavaciones
Los grandes centros han sido investigados con más detalle que las aldeas. La ausencia de materiales tardíos puede reflejar excavaciones incompletas.
Abandono monumental y abandono residencial
El cese de construcción de templos no prueba necesariamente que toda la población abandonara inmediatamente el lugar.
Representatividad de la muestra
Los 294 sitios representan los casos con información suficiente, no la totalidad del poblamiento maya de Belice.
Registros climáticos regionales
Las estalagmitas y sedimentos ofrecen información de gran valor, pero una cueva no registra necesariamente las condiciones exactas de todo el país. También existen discrepancias entre los diferentes indicadores.
Correlación y causalidad
Que una comunidad fuera abandonada durante una sequía no demuestra que la falta de lluvia fuera la única causa. Deben considerarse guerras, cambios políticos, migraciones y transformaciones económicas.
21. Principales conclusiones
La investigación permite formular siete conclusiones fundamentales:
- El abandono no fue simultáneo. Se extendió durante varios siglos y avanzó generalmente desde el oeste y sur hacia el nordeste.
- La crisis principal ocurrió en el siglo IX. Durante ese siglo terminaron su ocupación sostenida 155 de los 294 asentamientos.
- Más lluvia no significó mayor resiliencia. Algunas de las zonas más húmedas fueron las primeras en despoblarse.
- El acceso permanente al agua fue más importante que la precipitación media. Lagunas, pantanos y humedales permitieron superar periodos secos.
- Las tecnologías estaban adaptadas a cada paisaje. Terrazas y depósitos dominaron en las tierras elevadas; canales, diques y campos de humedal en las tierras bajas.
- La migración formó parte de la adaptación. El abandono de una ciudad podía significar el traslado hacia costas, lagunas o valles, no la desaparición de sus habitantes.
- No hubo un colapso total de los mayas. Se desintegraron numerosos centros políticos del Clásico, pero comunidades como Lamanai sobrevivieron hasta el contacto europeo.
Conclusión
Los 294 asentamientos estudiados muestran que la respuesta maya a la sequía no puede resumirse como una civilización vencida por el clima. Los mismos episodios secos produjeron consecuencias diferentes según el paisaje, la tecnología, la historia local y la organización política.
Las comunidades de las montañas y mesetas kársticas, aunque recibían más lluvia, dependían de precipitaciones estacionales y depósitos artificiales. Cuando las sequías se prolongaron, muchas no pudieron sostener la agricultura ni las grandes concentraciones de población.
En el norte y nordeste, las comunidades que vivían alrededor de lagunas, humedales y ríos permanentes disponían de fuentes de agua y alimentos más diversificadas. Su experiencia en la gestión habitual de la escasez pudo prepararlas mejor para las crisis prolongadas.
El resultado no fue una desaparición, sino una profunda reorganización territorial. Las grandes ciudades perdieron habitantes, las poblaciones se desplazaron hacia ambientes acuáticos y costeros y surgieron formas de asentamiento menos monumentales pero más flexibles.
La lección principal es que la vulnerabilidad no depende solamente de la intensidad de una sequía. Depende también de quién controla el agua, qué infraestructuras existen, qué conocimientos se han acumulado y qué capacidad posee una sociedad para cambiar de territorio y reorganizar su forma de vida.
Referencia principal
McLellan, A.; Metcalfe, S. E.; Rushton, E. A. C.; Akers, P. D.; de la Barreda Bautista, B.; Márdero, S.; Gali, O. A.; Schrodt, F. y Endfield, G. H. 2026. “Ancient Maya settlement abandonment and climate instability in Belize (700–1600 CE): A spatial analysis of adaptive resilience”. Journal of Archaeological Science, 193, 106661. DOI: 10.1016/j.jas.2026.106661.

