El Edén: espacios de cocina y combustión en el valle del Upano

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1. Una ventana a la vida cotidiana amazónica

El Edén es un asentamiento arqueológico situado en el sector medio del valle del río Upano, en la provincia ecuatoriana de Morona Santiago. Se encuentra sobre una terraza aluvial estable, en la margen izquierda del río, aproximadamente a 1.300 metros de altitud y en una zona de transición entre las estribaciones orientales de los Andes y la llanura amazónica.

El complejo ocupa unas 7,3 hectáreas y está formado por 16 montículos artificiales de planta cuadrangular, rectangular y hemisférica, distribuidos de manera planificada. Aunque la arquitectura monumental del Upano es conocida desde hace décadas, las excavaciones de El Edén ofrecen algo diferente: permiten observar cómo se cocinaba, qué plantas se utilizaban y cómo se organizaban los espacios domésticos.

El estudio principal fue publicado en 2026 por Andrés Mosquera, Lorena Merino, Álvaro Mora-Mendoza, Jennifer Orozco, Carlos Correa-Jaramillo, Luis Contreras y Roberto Ordoñez-Araque. Combina excavación arqueológica, análisis geoquímicos por fluorescencia de rayos X y estudio de fitolitos. Artículo científico completo en npj Heritage Science


2. La cronología: una ocupación posterior a las primeras ciudades del Upano

Este aspecto resulta fundamental para interpretar correctamente los hallazgos.

Los grandes centros monumentales del valle estuvieron vinculados inicialmente con la tradición Upano, desarrollada aproximadamente entre 500 a.C. y 300-600 d.C. Esta fue la sociedad que construyó amplios conjuntos de plataformas, plazas, caminos y campos agrícolas.

Sin embargo, los fogones y suelos domésticos estudiados en El Edén pertenecen a una fase mucho más tardía.

Dos muestras de carbón procedentes de contextos primarios proporcionaron fechas de:

  • 650 ± 20 años AP.
  • 640 ± 20 años AP.

Una vez calibradas, corresponden aproximadamente a:

  • 1314-1405 d.C.
  • 1305-1401 d.C.

Por tanto, las cocinas analizadas estuvieron activas principalmente durante el siglo XIV y quizá a comienzos del XV, poco antes de la conquista europea.

Los autores las relacionan con las ocupaciones tardías asociadas a la cerámica corrugada y a la tradición Huapula. Esto significa que los habitantes tardíos reutilizaron montículos construidos muchos siglos antes.

No estamos ante las cocinas de los constructores originales del gran sistema urbano del Upano, sino ante la reocupación de aquel paisaje monumental por comunidades posteriores.


3. Excavaciones realizadas en 2025

Durante la campaña de 2025 se seleccionaron tres montículos de distinta forma y orientación. Las excavaciones principales se concentraron en:

  • Un montículo central.
  • Un montículo hemisférico.

En el montículo central se abrió una superficie de 5 × 4 metros, mientras que en el hemisférico se excavó una unidad de 3 × 3 metros. Los depósitos fueron retirados en niveles artificiales de diez centímetros, documentados mediante planimetría digital, fotografía, topografía y registro estratigráfico.

La secuencia estaba formada por tres unidades principales:

  1. Un depósito superior reciente.
  2. El depósito arqueológico relacionado con la ocupación doméstica.
  3. Rellenos arcillosos utilizados para construir los montículos.

Los fogones, suelos y demás estructuras estudiadas aparecieron en el segundo depósito, correspondiente a la última etapa de ocupación.

La superficie excavada representa una parte muy pequeña del conjunto de 7,3 hectáreas. Por ello, los resultados permiten reconstruir determinados espacios domésticos, pero todavía no la organización completa del asentamiento.


4. ¿Cómo se identificaron las cocinas?

En un ambiente tropical resulta difícil conservar huesos, semillas, madera o restos alimenticios. La elevada humedad, las raíces y la actividad biológica destruyen o desplazan buena parte de las evidencias.

Los investigadores no identificaron las cocinas basándose únicamente en manchas oscuras o carbón. Utilizaron la convergencia de varios indicadores:

  • Superficies de arcilla compactada y enrojecida.
  • Concentraciones de carbón y ceniza.
  • Sedimentos alterados por el calor.
  • Fragmentos de arcilla quemada.
  • Vasijas con hollín exterior e interior.
  • Distribución concentrada de cerámica.
  • Agujeros de poste asociados a los suelos.
  • Residuos químicos acumulados en los sedimentos.
  • Fitolitos de plantas cultivadas y silvestres.

La coincidencia espacial de estas evidencias permitió diferenciar verdaderas áreas de actividad de las alteraciones producidas por incendios naturales, erosión o procesos posteriores al abandono.


5. Seis estructuras de combustión

Las excavaciones identificaron seis estructuras de combustión vinculadas normalmente con superficies de arcilla compactada.

También se documentaron seis agujeros de poste circulares u ovalados. Su distribución sugiere que los fogones estuvieron dentro de construcciones cerradas o parcialmente cerradas, probablemente viviendas o dependencias domésticas.

Las relaciones espaciales fueron especialmente claras en el montículo central:

  • Los fogones aparecían junto a suelos preparados.
  • A su alrededor se concentraban cerámicas afectadas por el calor.
  • Existían manchas de carbón y ceniza.
  • Los agujeros de poste delimitaban posibles estructuras construidas.
  • Los restos no estaban distribuidos aleatoriamente.

Esta organización demuestra que cocinar no era una actividad improvisada en cualquier punto del montículo. Existían espacios preparados y utilizados de manera recurrente.


6. El fogón R3: un área central para cocinar

El rasgo 3 o R3 es el espacio mejor identificado como cocina.

Su interpretación se apoya en cuatro tipos de evidencia:

  1. Un hogar o superficie de combustión claramente delimitada.
  2. Cerámica con hollín, compatible con recipientes colocados sobre el fuego.
  3. Concentraciones químicas relacionadas con residuos orgánicos y alimenticios.
  4. Fitolitos de plantas cultivadas y palmas.

Los sedimentos del R3 presentaron valores relativamente elevados de:

  • Óxido de calcio.
  • Fosfatos.
  • Óxido de zinc.

La presencia de fósforo, calcio y zinc puede relacionarse con la acumulación de restos orgánicos, cenizas, alimentos y residuos derivados de actividades reiteradas.

En el fogón se encontraron fitolitos compatibles con:

  • Maíz.
  • Yuca o mandioca.
  • Palmas del grupo Bactris.
  • Posiblemente chontaduro o pejibaye (Bactris gasipaes).
  • Palma ungurahua (Oenocarpus bataua).

La identificación de algunas especies de palma es provisional porque distintos taxones pueden producir fitolitos semejantes. No obstante, la abundancia de palmas y la presencia conjunta de maíz y yuca refuerzan la interpretación culinaria.

R3 no fue simplemente una hoguera: era un punto central de preparación térmica de alimentos.


7. El fogón R9: otra función del fuego

El rasgo 9 o R9 ofrece un resultado diferente.

Este hogar contenía numerosos fitolitos de:

  • Plantas arbóreas, especialmente de la familia Chrysobalanaceae.
  • Palmas.
  • Vegetación herbácea.

Sin embargo, no proporcionó evidencias claras de plantas cultivadas. Su composición química también se diferenciaba de la del fogón R3.

Los investigadores proponen que pudo emplearse para:

  • Producir calor.
  • Iluminar el interior de la construcción.
  • Quemar residuos vegetales.
  • Realizar alguna actividad doméstica no relacionada directamente con cocinar.

Esta diferencia demuestra que no todos los fuegos tenían la misma función. Dentro de un mismo espacio doméstico podían coexistir un hogar culinario y otro destinado a iluminación, calefacción, limpieza o eliminación de residuos.

No obstante, estas funciones continúan siendo hipótesis. La evidencia permite afirmar que R9 fue una estructura de combustión, pero no determinar con absoluta seguridad qué se quemaba ni con qué finalidad.


8. El suelo R7: preparación, consumo y descarte

El rasgo 7 corresponde a un suelo doméstico particularmente importante.

En su entorno se concentraban:

  • Numerosos fragmentos cerámicos.
  • Vasijas expuestas al fuego.
  • Hogares.
  • Carbón.
  • Agujeros de poste.
  • Residuos químicos y microbotánicos.

Los fitolitos del suelo muestran un conjunto diverso:

  • Gramíneas: 55 %.
  • Palmas: 27 %.
  • Plantas cultivadas: aproximadamente 10 %.
  • Plantas arbóreas: 7 %.
  • Diatomeas: 1 %.

Entre las plantas cultivadas se identificaron morfologías compatibles con maíz y yuca. El estudio también menciona arrurruz o plantas afines, aunque algunas identificaciones deben considerarse indicativas.

La señal química del suelo combina calcio, potasio, fósforo y zinc. Esta diversidad sugiere que R7 fue un espacio multifuncional donde se realizaron varias actividades:

  • Manipulación y preparación de alimentos.
  • Consumo.
  • Utilización de recipientes.
  • Eliminación de desperdicios.
  • Manejo de agua y vegetales húmedos.
  • Limpieza del área doméstica.

No era únicamente el lugar donde ardía el fuego, sino la superficie donde se desarrollaba gran parte del trabajo relacionado con la alimentación.


9. Maíz, yuca y palmas

El conjunto vegetal documentado es coherente con una economía amazónica diversificada.

Maíz

Los fitolitos compatibles con maíz aparecieron en el suelo R7 y en el fogón R3. Su presencia en este último constituye la relación más directa entre la planta y un espacio de cocina.

Sin embargo, el estudio advierte que algunos morfotipos no son completamente diagnósticos. La identificación debe considerarse sólida por la combinación de varios indicadores, pero no absolutamente definitiva.

Yuca

Se registraron fitolitos con formas atribuidas a Manihot esculenta. La yuca pudo ser rallada, remojada, cocida o transformada en preparados sólidos y líquidos.

El hallazgo es especialmente importante porque las raíces y tubérculos se conservan muy mal en los suelos amazónicos. Los fitolitos permiten detectar su utilización aunque no sobrevivan restos macroscópicos.

Palmas

Las palmas dominaban algunos conjuntos. Entre las identificaciones propuestas se encuentran:

  • Bactris gasipaes, chontaduro o pejibaye.
  • Oenocarpus bataua, ungurahua.
  • Socratea exorrhiza.
  • Palmas de los grupos Euterpe y Oenocarpus.

Sus posibles usos fueron numerosos:

  • Consumo de frutos.
  • Producción de bebidas o aceites.
  • Combustible.
  • Techumbre y construcción.
  • Fabricación de utensilios.
  • Fibras y otros materiales.

La elevada cantidad de fitolitos de Socratea en los suelos puede guardar relación con el empleo de palmas como elementos constructivos, no necesariamente con su consumo.


10. El posible achiote

En el suelo R7 se identificaron microrestos comparables con el achiote (Bixa orellana).

El achiote pudo emplearse como:

  • Condimento.
  • Colorante alimentario.
  • Sustancia medicinal.
  • Pigmento corporal.
  • Elemento ceremonial.

El contexto doméstico no permite escoger una única explicación. Es posible que tuviera varios usos simultáneos.

La propia identificación botánica es provisional debido a las limitaciones de las colecciones comparativas de fitolitos amazónicos. Por tanto, no debe afirmarse categóricamente que en El Edén se preparaban pigmentos de achiote, sino que existe una señal compatible con esta planta.


11. Cocinar con cerámica

Numerosos fragmentos cerámicos presentaban hollín tanto en su superficie externa como interna.

El hollín exterior indica exposición directa al fuego. Las señales interiores pueden proceder de:

  • Carbonización de alimentos.
  • Acumulación de residuos durante la cocción.
  • Utilización reiterada del recipiente.

La asociación entre recipientes ennegrecidos, fogones y suelos confirma la cocción mediante vasijas cerámicas.

No todas las piezas mostraban alteración térmica. Algunas pudieron destinarse a:

  • Almacenar alimentos o líquidos.
  • Remojar yuca u otros vegetales.
  • Fermentar bebidas.
  • Servir o transportar alimentos.
  • Mezclar preparaciones sin contacto directo con el fuego.

La cocina de El Edén implicaba, por tanto, una cadena de operaciones más compleja que la simple colocación de una olla sobre las brasas.


12. Selección de tierras y construcción de los fogones

Los análisis por fluorescencia de rayos X dividieron las muestras en dos grupos químicos:

  • Un grupo relacionado principalmente con los hogares.
  • Otro asociado con suelos y depósitos de ocupación.

Los fogones presentaban composiciones relativamente semejantes, mientras que los suelos contenían mayor proporción de hierro y titanio.

Los autores plantean que los habitantes seleccionaron sedimentos locales diferentes según su función:

  • Materiales adecuados para soportar el calor en los hogares.
  • Arcillas con propiedades mecánicas apropiadas para pavimentar los suelos.
  • Otros sedimentos para rellenar y construir los montículos.

No se ha demostrado que transportaran tierra desde zonas lejanas. La explicación más prudente es que conocían las propiedades de los materiales disponibles localmente y escogían cada uno para una finalidad concreta.


13. Agua, limpieza y mantenimiento

La aparición de diatomeas y otros restos microscópicos indica una incorporación recurrente de agua.

Esta pudo relacionarse con:

  • Lavado de vegetales.
  • Cocción.
  • Remojo de alimentos.
  • Manipulación de yuca.
  • Limpieza de recipientes y suelos.
  • Transporte de plantas todavía húmedas.

Los bajos niveles de potasio en algunos hogares fueron interpretados como compatibles con fuegos destinados principalmente a cocinar en recipientes y con una limpieza regular de las cenizas.

Esto sugiere espacios mantenidos y ordenados. Los hogares no se abandonaban bajo acumulaciones continuas de desechos: probablemente se retiraban cenizas, carbón y residuos para poder reutilizarlos.


14. Arquitectura y organización doméstica

La asociación entre agujeros de poste, pavimentos y hogares permite reconstruir parcialmente edificios domésticos levantados sobre los montículos.

Probablemente se trataba de construcciones realizadas con:

  • Postes de madera.
  • Paredes de materiales vegetales o barro.
  • Cubiertas de hojas de palma.
  • Suelos de arcilla compactada.
  • Hogares abiertos o poco delimitados.

Dentro de estas construcciones existían zonas diferenciadas:

EspacioFunción más probable
Fogón R3Preparación y cocción de alimentos
Fogón R9Calor, iluminación o quema de residuos
Suelo R7Procesamiento, consumo, manipulación y descarte
Áreas con postesLímites de construcciones cerradas o semicerradas
Concentraciones cerámicasCocción, servicio, almacenamiento o remojo

La vivienda aparece como una unidad organizada, no como un espacio indiferenciado.


15. ¿Qué revela sobre la sociedad tardía del Upano?

Los resultados demuestran que, hacia 1300-1400 d.C., grupos vinculados con la tradición cerámica corrugada reutilizaron montículos construidos durante etapas anteriores.

Estas comunidades:

  • Habitaron de manera estructurada las plataformas antiguas.
  • Construyeron viviendas sobre suelos preparados.
  • Separaron actividades domésticas.
  • Utilizaron distintos tipos de fuego.
  • Cocinaron en recipientes cerámicos.
  • Procesaron maíz, yuca y productos de palmas.
  • Mantuvieron y limpiaron regularmente las áreas de trabajo.
  • Gestionaron una amplia variedad de plantas amazónicas.

La reutilización de los montículos no fue casual. Vivir sobre arquitecturas antiguas pudo ofrecer ventajas prácticas —elevación, drenaje y suelos consolidados—, pero también debió mantener una relación con la memoria histórica del paisaje.

El Edén documenta así la persistencia y resignificación de un territorio construido muchos siglos antes.


16. Limitaciones de la investigación

El estudio es importante, pero sus autores reconocen varias restricciones:

  • Solo se excavaron pequeñas superficies de tres de los 16 montículos.
  • Se analizaron únicamente seis muestras mediante geoquímica.
  • Solo tres muestras fueron estudiadas para identificar fitolitos.
  • Algunas asignaciones botánicas son provisionales.
  • La humedad, las raíces y la actividad biológica pudieron desplazar residuos.
  • No se analizaron suficientes contextos para reconstruir todo el asentamiento.
  • Los resultados pertenecen a la ocupación tardía, no necesariamente a los constructores originales de los montículos.
  • No puede determinarse quién realizaba las labores culinarias ni establecer una división por género.
  • Tampoco se han reconstruido recetas concretas.

Por ello, no es correcto afirmar que los 16 montículos fueran viviendas ni que todos poseyeran cocinas iguales. Eso deberá comprobarse mediante excavaciones más extensas.


Conclusión

La relevancia de El Edén reside en que desplaza la atención desde la monumentalidad del valle del Upano hacia la vida cotidiana.

Los fogones, suelos de arcilla, postes, vasijas ennegrecidas y residuos microscópicos muestran que las plataformas antiguas siguieron siendo ocupadas durante el siglo XIV. Dentro de las construcciones existían espacios diferenciados para cocinar, procesar alimentos, consumirlos, mantener fuego, iluminar y eliminar residuos.

El fogón R3 fue probablemente una cocina central donde se procesaron maíz, yuca y productos de palma. R9 parece haber tenido una función térmica distinta, mientras que el suelo R7 concentró una variedad de actividades domésticas.

Estos resultados no solo permiten saber qué plantas utilizaron los habitantes de El Edén. Revelan conocimientos sobre materiales, control del fuego, arquitectura, limpieza y organización espacial. En conjunto, muestran una vida doméstica planificada dentro de un paisaje monumental heredado y reutilizado siglos después de su construcción inicial.

Referencias principales

  • Mosquera, A. et al. «Combustion and cooking areas at El Edén archaeological site, Upano Valley, Ecuador—650 BP». npj Heritage Science 14, 446, 2026. Texto completo y acceso abierto.
  • Rostain, S. et al. «Two thousand years of garden urbanism in the Upper Amazon». Science 383, 183-189, 2024. DOI y ficha del artículo.
  • Rostain, S. «Secuencia arqueológica en montículos del valle del Upano en la Amazonía ecuatoriana». Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines 28, 53-89, 1999.
  • Rostain, S. «Landscape transformations in upper Ecuadorian Amazonia». Quaternary International, 2012. Ficha académica.